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Equivocación en doble instancia

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No se puede confundir el principio de doble instancia con el de la separación de las funciones de investigación y juzgamiento. La publicación de la edición de ayer sobre la decisión de la Corte Constitucional incurre en esa confusión. La Corte sólo se pronunció sobre el segundo tema. El primero, que es totalmente distinto, fue tratado tangencialmente, pero no hubo ninguna decisión sobre ese punto. Federico Cárdenas. Bogotá.

Sobre la U. Nacional

Qué bueno que, aunque pocos, algunos profesores de la Universidad Nacional tienen acceso directo a la opinión pública. Gran privilegio, gran honor. Gran responsabilidad, también. Con la Universidad, con el periódico del que se es columnista, con la opinión pública, con el país. Tentación, además. Por ejemplo, la frustración personal de ir a la Universidad a hacer ciencia, a formar ciudadanos, y encontrarse sistemáticamente con un arrume de pupitres en la puerta y unos cuantos energúmenos al lado de ellos, puede terminar convirtiéndose en tema nacional. Reto para la inteligencia. Peligro de caer en lugares comunes, y de terminar diciendo… tonterías.

Afortunadamente Mauricio García, en su columna de hace una semana, pudo superar parcialmente este desafío semanal utilizando las paradojas del análisis político. ¡Qué autoritaria puede llegar a ser la democracia! Llega el momento en que hay que ponerle límite a este autoritarismo: menos asambleas y más urnas.

¡Qué democrático puede llegar a ser el autoritarismo! Las directivas, que cerraron los espacios de decisión de la comunidad universitaria (entre ellos, casualmente, las urnas), han resultado facilitando “canales institucionales de participación” más democráticos (seguramente) que los inventados paralelamente: las asambleas. Pero, que me perdone la franqueza, excepto estas ideas polémicas, todo lo demás son lugares comunes en el escrito de Mauricio García, con argumentos ya expresados por una buena cantidad de columnistas, editorialistas y periodistas, en diferentes medios masivos, sólo que de forma más directa: en vez de “dañar”, “arruinar”; en vez de “bloqueo intransigente”, “delirante boicoteo”; en vez de “líderes del bloqueo”, “obcecada minoría”; en vez de “discrepancias sobre la bondad de la reforma”, “protesta vociferante”. Pero finalmente dice lo mismo: una minoría se rebela arbitrariamente contra un autoritarismo imaginado por ellos, utilizando la violencia de los bloqueos y rehusándose a dialogar. Quizás le agregue García una fácil ironía: directivas “neoliberales”, “rebelión popular”… ¿Qué resulta finalmente de alcance nacional en lo que dice? En resumen, que este movimiento estudiantil es injustificado.

¿Alguna explicación distinta de sus causas, además de esa patética actitud rebelde? Ninguna. O quizás una mención: “discrepancias sobre la bondad de la reforma”. Menos mal que la opinión pública ya sabe de qué se trata. (O si no lo sabe, no es asunto que en realidad le incumba). Ya que Mauricio García ha renunciado a plantear a la opinión pública otro tema de alcance nacional distinto al cliché de la intransigencia e inmadurez del movimiento estudiantil, y que además ha renunciado de antemano a participar en tanta asamblea, es de esperar que sepa explicarles a sus alumnos esa otra paradoja, según la cual los amigos de los bloqueos se vuelven enemigos de la educación pública.

Sin saber mucho de teoría política le podría decir que en general el mecanismo para superar el disenso es el diálogo y que los participantes en ese diálogo podrán eventualmente decidir votar las diferencias y someterse a la mayoría. Pero que en el caso particular de la Universidad Nacional, este disenso está resuelto de antemano y por lo tanto es un falso problema: se hará (como en los últimos cuatro años) lo que las directivas y el Gobierno nacional digan. Los burdos caminos de la democracia elemental (asambleas y votaciones) han quedado superados. (O sea, no hablemos carreta sobre violencia, disenso, discusión, votaciones, sobre “canales institucionales de participación”). Excúsenme el tono de esta carta. El intelectual respetable que es Mauricio García hoy quizás no lo merece. En realidad me dirijo al estudiante de Ciencias Políticas, al buen alumno de Francisco Leal.

Jaime Sepúlveda. Bogotá.

Respeto a la religión

Con profundo desengaño observamos cómo El Espectador publica artículos totalmente en contra de los intereses de los colombianos, por ejemplo dándole gran despliegue a ese detestable maniático llamado Fernando Vallejo, el cual es un apóstata, hereje, ateo radical y anda sembrando mucho odio, no sólo ante públicos ignorantes, sino a través de los medios de comunicación nacional, los cuales no tienen en cuenta a la abrumadora mayoría católica colombiana (más del 90%), pero sí a un demoniaco y oscuro bicho despotricando contra la religión, el gobierno, la humanidad, la naturaleza, las instituciones, etc., para ajustar. Salió otro enfermo mental inventándose una vulgar secta rockera, agrupando una serie de alienados sin destino, en torno a ideas mundanales y retrógradas, acaparando la atención ignorante.

Por supuesto que el lado más oscuro de los humanos es el que más atrae la atención de los medios de comunicación, imponiéndose el amarillismo, sin importar a quién perjudica o sus consecuencias futuras. Lo lamentable no es sólo el apoyo a esos oscurísimos elementos antisociales, sino la discriminación a aquellos que se han sacrificado durante largo tiempo por este país y son relegados por ser humanos de bien.

Luis Carlos Nariño Uribe. Bogotá.

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