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El fracaso de la Organización Electoral, por el lío de los tarjetones para la consulta del Centro Democrático, no hizo más que ratificar la importancia y el protagonismo de un mecanismo que opacó y casi llevó a segundo plano a las mismas elecciones legislativas. El alto volumen de votos, en cuanto se rompieron todas las marcas históricas en consultas, es la noticia más relevante de esta elección.
De acuerdo con los resultados, al confirmar prácticamente la votación en el plebiscito por el No, Duque pasará a segunda vuelta e intentará ganar en primera, mientras que quien lo acompañará está por ver: Petro perdió con Duque por más de un millón de votos y casi seis millones de votantes no participaron en consultas y seleccionarán candidato en mayo, es decir, no tiene garantizado su paso a segunda vuelta.
En las consultas ganaron, en primer lugar, las dos fuerzas políticas que catapultaron a sus candidatos, Duque y Petro, por encima de sus competidores. Sirvieron para filtrar a la opinión y resucitar la polarización. Las aprovecharon. Este fenómeno se pudo observar a lo largo de las diferentes encuestas: a medida que subieron Duque y Petro, candidatos como Fajardo, De la calle y Vargas Lleras, quienes no tuvieron consulta, se “desvanecieron”. Existiendo alguna probabilidad de su recuperación, será muy difícil que quienes votaron por ellos en las consultas cambien su voto en primera o segunda vuelta.
Otro innegable ganador es el expresidente Uribe, quien, con un candidato escasamente conocido por la opinión, pudo ganar a quien le llevaba ventaja en experiencia y reconocimiento. La manera como se asuma el triunfo de Duque será uno de los hitos en la carrera presidencial. Si la centro-derecha sigue unida, como todo indica, forzará a nuevas alianzas a los demás antes de primera vuelta.
El voto en blanco se comenzó a ubicar, contrario a lo que muchos pensaban, en sus niveles habituales, dejando claro que el cambio de las costumbres políticas toma, además de hechos, tiempo. Y como habíamos previsto, la participación no aumentó de manera significativa ni por la presencia de candidatos relativamente jóvenes, ni por la de la FARC, ni por el nuevo estado de ánimo que supondría el posconflicto en algunos sectores y regiones.