El Caminante

O buscas, o esperas y mueres

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Esto es como en el fútbol, viejo. O buscas y te matas por descubrir, o esperas, como esperamos tanto últimamente. Es una línea muy finita que divide los dos mundos. Porque son mundos. El mundo de la acción, del hacer, del arriesgarlo todo, y el mundo del estarse quieto, del aguardar el milagro de que alguien te llame y te dé un empleo para que seas su productiva mascota, taparse con una cobija y esperar una recompensa por nuestra quietud y obediencia, sepultados por tanta ley, por tanta norma, por los miles de mandamientos y los deberes ser que cada vez se multiplican más.

El mundo del caminar y del descubrir por nuestra cuenta, paso a paso, aunque todo sea más lento, y el mundo del obedecer las instrucciones para transformarnos en máquinas que respiran. El mundo de los no diplomas, de los no doctorados, y el mundo del repasar lo que un docto te dijo que era la verdad, año tras año, década tras década. El mundo de ir a una librería y encontrar entre miles de libros uno, y el mundo de los algoritmos que te da cinco o diez opciones para que seas el mismo, que les conviene a los mismos. El mundo de crear, aunque los críticos te acaben, y el mundo de copiar y recibir falsos aplausos.

El mundo de inventar, y el mundo de recibir la mecánica aprobación de miles de autómatas que buscan a su vez tu aprobación. El mundo de los subversivos, que viven debajo de todas las versiones dadas, y el de aquellos que conservan las viejas tradiciones mil veces heredadas para que la humanidad siga siendo un invento que fracasó, aunque jamás lo admitan. El mundo de los que dan el primer paso, seguros de que todo proyecto comienza con un primer paso, y el de los que aguardan a que les digan qué proyecto hay que hacer, y cómo y cuándo. El mundo de los que pecan y el mundo de los que rezan.

El mundo de los que crean su propia sensibilidad de tanto ir y mirar y tomar, y responden que no hay una sensibilidad, sino sensibilidades, y el mundo de los que ven la sensibilidad como un absoluto, y sobre todo, como un don. El mundo de los que dan, aunque en ese dar haya cuchillos y heridas, y el mundo de los que reciben; el de los que aman y el de los que prefieren ser amados, el de los que escriben y el de los que sólo leen, y como en el fútbol de nuevo, viejo, el de los que se arriesgan a una gambeta y el de los que pegan por detrás.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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