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“Los pueblos latinoamericanos tienen el deber de hacer una gran movilización en solidaridad con (el presidente boliviano) Evo Morales, para que pueda profundizar el cambio en favor de los indios y los más pobres”, declaró Egídio Brunetto, miembro del Movimiento Sin Tierra (MST), uno de los grupos que convocó la protesta.
Los manifestantes, vigilados por un nutrido grupo de policías que les duplicaba en número, se concentraron ante la sede de la Embajada de Estados Unidos y sembraron en sus jardines externos 36 cruces, en memoria de los que calificaron como “caídos en la masacre de Pando”.
Ese departamento boliviano fue escenario de las peores protestas contra Evo Morales y las autoridades calculan que en los disturbios allí ocurridos murieron por lo menos 17 personas, en su mayoría campesinos afines al Gobierno.
Los manifestantes habían visitado antes al embajador de Bolivia en Brasil, Mauricio Dorfler, a quien entregaron una carta en la que expresaron su “solidaridad” con el Gobierno de Morales.
En un documento distribuido frente a la Embajada de Estados Unidos, acusaron a Washington de haber alentado las protestas y de orquestar un “plan de terror” para “derrocar a un gobierno popular”.
También respaldaron la decisión del Gobierno de Bolivia de expulsar al embajador estadounidense, Philip Goldberg, de quien afirmaron que “coordinó” las protestas con la oposición.