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Rescate: presa de la campaña

La aprobación del paquete se convirtió en caballo de batalla para el cálculo electoral de los candidatos y sus partidos.

25 de septiembre de 2008 – 04:08 p. m.

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Si hace cuatro años la preocupación por el terrorismo y la seguridad nacional le aseguraron la reelección a George W. Bush, esta campaña electoral parece cobrar otros colores. La economía será el tiquete clave para asegurarse un puesto en la Casa Blanca y así lo demostraron con sus jugadas los candidatos y sus partidos durante todo el jueves. Una jornada de incertidumbre que pareció difuminar los límites entre la necesidad de rescatar los mercados y las estrategias de campaña de los candidatos.

Con la economía del país “totalmente en peligro”, como advirtió el miércoles el presidente Bush, y con profundas divergencias entre demócratas y republicanos frente a las reglas de juego que debían regir el desembolso de 700 mil millones de dólares para la reactivación de los mercados, McCain y Obama buscaron demostrar que, por un lado, apoyaban un programa de reactivación y, por el otro, respetaban las preocupaciones de los electores, cuyo dinero sería utilizado para refinanciar a enormes compañías.

Pero hasta el último momento este jueves, ni los candidatos, ni los líderes de los partidos pudieron llegar a un acuerdo definitivo.

El vía crucis del plan

Ambos bandos, desde que fue lanzada la propuesta del Departamento del Tesoro a comienzos de esta semana, jugaron sus cartas. En el Congreso, muchos legisladores criticaron la excesiva ayuda a las compañías sin ningún tipo de constreñimiento a sus futuras ganancias o a los beneficios de sus altos ejecutivos. Sus electores, aducían, no se los perdonarían.

Frente a este estancamiento, John McCain anunció en la tarde del miércoles la suspensión de su campaña y solicitó el aplazamiento del debate programado para la noche del viernes, con el fin de viajar a Washington e impulsar el éxito del paquete de ayuda.

Horas después, Obama rechazaba la solicitud de McCain, pero aceptaba una invitación del presidente Bush, quien los citó a ambos en la Casa Blanca para que apoyaran la medida. En el Senado y la Cámara de Representantes, entre tanto, durante toda la noche del miércoles hasta la madrugada del jueves, los legisladores apuraban un borrador conjunto del plan de rescate.

Eran conscientes de que el tiempo era clave para ayudar o lastimar a sus candidatos presidenciales. McCain se había puesto a la delantera y muchos observadores alabaron su gesto, que incluso denotaba tintes “presidenciales”, como afirmó un comentarista en el Daily Standard.

Los demócratas apuraron la llegada a un acuerdo y se encargaron de anunciarlo antes de que McCain, Obama y Bush se reunieran en la Casa Blanca. Y así sucedió: a mediodía, y sin que hubieran sostenido la simbólica reunión, el anuncio del acuerdo se había realizado. McCain no pudo atribuirse la victoria.

Pero horas después, y cuando todos los medios anunciaban la llegada al acuerdo, los más altos jerarcas del Partido Republicano se apresuraron a desmentirlo. La incertidumbre reinó de nuevo y les quitó de nuevo la ventaja a los demócratas.

La politización de un rescate

Ya comenzada la semana, una encuesta del Washington Post reveló que Obama aventajaba en nueve puntos a McCain por cuenta de la crisis económica; muchos especularon que el llamado del republicano a asistir a Washington buscaba ganar parte del terreno perdido.

“Si el paquete se aprueba y los mercados se recuperan, McCain será un héroe. Y si no hay paquete y los mercados tambalean, Obama no quedará tan bien. Pero si no hay paquete y los mercados no tambalean, Obama gana, así como ganan todos los contribuyentes”, reflexionaba Debra Saunders, de The San Francisco Chronicle.

El paquete, aún sin haber sido aprobado, ya mostraba ayer resultados. Sólo la ilusión de su aprobación incrementó los índices de Wall Street. Pero aún es incierto qué sucederá hoy en las bolsas, con el nuevo estancamiento del pacto de rescate.

Claves de una iniciativa

El plan de auxilio a los mercados, diseñado por el gobierno Bush para inyectar 700 mil millones de dólares a las instituciones financieras, ha enfrentado una dura resistencia por parte de ciertos congresistas demócratas y algunos republicanos. Luego de dos días de negociaciones entre ambos partidos, el jueves a mediodía se empezaba a conocer el carácter de los acuerdos que están en negociación.  Grosso modo, los legisladores explicaron que la inyección de capital se realizaría con ciertas restricciones.

Entre ellas, se determinó que la inyección inicial sería de 250 mil millones de dólares y que los paquetes de compensación de los ejecutivos de las empresas beneficiarias serían limitados. Además, el Estado pasaría a ser accionista de estas empresas para beneficiar a los contribuyentes.

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