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Solemos pensar la intervención en política de empleados públicos solo en función de aquellos actos cuya intención directa y consciente busca favorecer a un aspirante o grupo político. ¡Craso error!
Si bien Colombia es pródiga en casos de intervención en política por parte de un funcionario, el prototipo tiene nombre propio: Álvaro Uribe Vélez. El 20 de julio de 2010, La Silla Vacía publicó: “El presidente Uribe no solo no dejó dudas de que Santos era su sucesor, sino que realizó una abierta e impune intervención política a su favor”. Agrega Juanita León: “Con alocuciones radiales diarias en emisoras comunitarias y en televisión, el presidente se convirtió en el jefe de debate más efectivo de Santos, infundiendo temor de que sus ‘huevitos’ de la seguridad, la cohesión social y la prosperidad fueran a ser quebrados si quedaban en las manos equivocadas”.
No hubo código disciplinario que valiera.
Este primer prototipo de intervención es el clásico, como ortodoxa fue la “traición” recibida. (Prefiero la precisión del lenguaje popular: “Mi Dios no castiga ni con palo ni con rejo”).
Lo cierto es que los efectos en la intervención en política a veces escapan al control de los mismos políticos. Un segundo prototipo es una suerte de intervención invertida, la cual se evidencia cuando un empleado público intenta obstaculizar la campaña de un candidato pero lo que realmente logra es multiplicar sus seguidores. Una oda a la torpeza.
Alejandro Ordóñez le enseñó un juego a Gustavo Petro: desde la Procuraduría lo suspendió e inhabilitó por 15 años por irregularidades en la implementación del esquema de recolección de basuras, ocurridas en Bogotá en 2013. No obstante, el Consejo de Estado tumbó el fallo al considerar que el entonces procurador vulneró los derechos fundamentales del exalcalde.
A Petro le gustó el juego de “El perseguido”. (El innegable rédito político de los mártires. Uribe, por ejemplo, lo ha jugado tanto que ya no hay quién lo agarre).
El jueves, el candidato progresista estuvo en Medellín. La Alcaldía emitió un comunicado que señalaba que el equipo de Petro no cumplía con los requisitos para convocar una concentración política.
El aspirante de Colombia Humana, con la soberbia que lo caracteriza, desafió a la Administración: “Con o sin permiso nos vemos en Carabobo norte en Medellín. Medellín es democrática y pluralista”.
El alcalde, Federico Gutiérrez, reaccionó: “Sr. @petrogustavo, lo responsabilizo de cualquier alteración al orden público. Le hago un llamado a cumplir la ley. Si actúa así como candidato, qué podemos esperar de usted como presidente. @FiscaliaCol @PoliciaColombia @PGN_COL”.
El “perseguido por los poderosos” y “perseguidor de los malos” en el mismo campo de juego. El hambre y las ganas de comer. Boceto a mano alzada del noveno círculo del Infierno de Dante: cuando el político no traiciona a otro, lo hace consigo mismo.
Tan pronto terminó el acto en la plaza pública, la campaña petrista informó que si su candidato resulta elegido presidente, se posesionará en la capital antioqueña.