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Confrontación de poderes

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Aunque nos resistimos creerlo, en los últimos tiempos hemos presenciado la peligrosa confrontación de poderes.

Con frecuencia, alguna de las Ramas del Poder Público, invade la jurisdicción de competencia de las otras, provocando peligrosamente el llamado “choque de trenes” causando seria preocupación en la opinión pública, que ve como los ejes centrales del Estado de Derecho, otrora verdaderos monumentos de grandeza, están entrando en una serie de pugnas interminables y difíciles de comprender. ¿Será que los linderos Constitucionales no están claros? ¿Oh es que estamos entrando a la anarquía de nuestro Estado de Derecho, por el grave deterioro de sus Instituciones Democráticas? ¡Si esto es así, apague y vámonos, porque esto se lo llevó el diablo!

Las Ramas del Poder Público, en la Constitución actual, y en las que nos han antecedido, son muy precisas y respetuosas al señalar las fronteras e instancias para que no se presenten casos tan desagradables por cuenta, unas veces, de las altas cortes; otras del legislativo y del ejecutivo, que tras invadir predios vedados de unos a otros, se complican los procedimientos de su estricta competencia, entrándose en una especie de lapsus jurídico que solamente con prudencia, buen juicio y razonamiento se pueden dilucidar. Valga la pena aplaudir el pronunciamiento del Señor Procurador.

El artículo 113 de la Constitución Política, habla de la separación de los tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial; sin embargo, advierte sobre la armonía, colaboración y respeto que debe existir entre las mismas. Lastimosamente, son varios los casos de colisiones de competencia que se están presentando, con grave deterioro para la administración de justicia y en general para la administración de sus instituciones donde al final de cuentas los más perjudicados son los ciudadanos.

Los Constituyentes del 91, parece que no previeron, que con el exceso de nomas en la Ley de Leyes, con la consecuente creación excesiva de altos órganos de administración de justicia, se están presentando dificultades para mantener el entendimiento, armonía y desarrollo entre las mismas, presentándose como consecuencia lógica, dualidad de funciones, que a la postre perjudican, retrasan y deterioran la administración pública.

Es doloroso admitir por ejemplo, que las instituciones del poder legislativo, partiendo desde las Juntas Administradoras Locales, Jal; hasta el Congreso de la República, han sido las más desacreditadas, lo más grave, no se ha permitido que esta Rama del Poder Público tan indispensable en toda democracia, sea sujeto de una reforma profunda a través de los establecimientos políticos, que para infortunio del País, se encuentran putrefactos desde su base. La Reforma Política, que acaba de aprobar el Congreso, no pasará de ser un saludo a la bandera. Seguirán los mismos con las mismas; toda laya de delincuentes, seguirán permeando las instituciones Legislativas. Para vergüenza de todos, se les seguirá llamando: “Honorables Padres de la Patria”.
  
Cuando en un Estado de Derecho, empieza a perderse la autoridad moral, de uno de los poderes de las Ramas del Poder Público, también empieza a filtrarse la desconfianza y resquemores de los demás; y la colaboración y armonía de que habla la Constitución Política, entra en un estado de desmedro y desconfianza.

Es triste reconocer, que durante el presente cuatrienio, el Congreso de la República, ha permanecido las veinticuatro horas del día en el ojo del huracán. Cuando empezaron los primeros juicios a representantes y senadores, por cuenta de la para política y varios de ellos encarcelados, fueron muchas las voces autorizadas que solicitaron del Presidente de la República, su clausura y posterior convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente con el ánimo de aminorar tan vergonzosa situación. Sin embargo, todo continuo como si nada ocurriera, los “honorables Representantes y Senadores” continuaron legislando, generando Leyes para la majestad de la República, entre el huracán y la duda, de si sus actos son legítimos o turbulentos. La honorable Corte Suprema de Justicia, en su sapiencia y Sabiduría, con el ánimo de administrar justicia en nombre de la República de Colombia y por Autoridad de la Ley, tiene previsto llamar a casi todo el Congreso a diligencias judiciales.

Sin embargo, continuaremos llamándolos: “honorables Padres de la Patria” ¡bendita Democracia aunque así nos pagues! Será que somos demasiado imbéciles, tolerantes o alcahuetas. Júzguelo Usted, querido ciudadano.

urielos@cable.net.co

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