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Tiene catorce años en el sitio, lo que lo hace el pionero en la zona. El primer chef trabajaba un concepto que pretendía manejar comida especial de California.
El chef actual maneja, principalmente, parrilla de carnes. Bautizar los platos con nombres de pueblos de California probablemente es lo único que dejó el chef anterior. Por otra parte, no sé qué resultados gastronómicos produce poner estos nombres a los platos.
La carta ofrece trece entradas con pescados, ceviches, hongos y alcachofas alrededor de $15.000. Ensaladas alrededor de $16.000, solas pueden ser una comida. Sopas con descripciones sugestivas a $13.000. Cuatro tapas de mariscos con precios de $15.000. Como platos fuertes la carta ofrece 10 carnes a la parrilla con diferentes salsas con precios alrededor de $29.000. Tres platos de “Aves” pollos a $23.000 y pato a $37.000. Ocho platos de mariscos: pescados y otros mariscos a $29.000, langostinos a $45.000. Hay también una lista de pastas y arroces a $24.000. Examinando el menú encontré un plato que era cola de langosta con lomito de res, “ingeniosa” combinación, aunque poco convincente e ilustra un poco sobre “el concepto” e incoherencia del restaurante.
El maître dice que las parrillas son ahora la especialización del restaurante, lo cual nos lleva a pensar que no es sabio pedir de la larga lista de pescados y mariscos.
De entrada pedimos los “Hongos Capistrano”. Es un hongo Portobello a la brasa con queso, aceituna y tomate que estaban bien presentados, pero no eran especiales. Nuestra otra entrada fue “San Ramón”, que es queso provolone relleno con picadillo de cordero almendras y pasas. Venía dorado en la salamandra sobre un coulis de tomate. El relleno de picadillo de cordero no era gran cosa. Pero el provolone sobre el coulis hacía una combinación sabrosa y una hoja de albahaca fresca aportaba un toque interesante. Si bien las entradas estuvieron aceptables, sin merecer aplausos, las recomendadas carnes a la parrilla, supuestamente ahora la especialidad de la casa, fueron un fracaso.
Pedimos “Jalisco”, chatas a la brasa con un toque de jalapeño acompañada de un guiso de tomate y tajaditas de jalapeño. La carne aunque cocida en su punto, estaba dura, poco jugosa e insípida. Para hacer carne a la parrilla se debe contar con buenos cortes de buen ganado y por lo menos veinte días de maduración. A la carne le faltaba todos estos atributos y el resultado fue un fracaso. El otro plato fuerte fue “Big Pine”, es una chuleta de cerdo “rostizada” con jalea de cebolla y azafrán. La jalea de cebolla se limitó a cebolla picada en pedazos grandes, cocidos en jugo de naranja con azúcar y el azafrán no apareció por ninguna parte. La chuleta estaba seca y dura, pésimamente tratada. Este corte es a veces demasiado magro para hacerlo tan grueso y sin “lardear”. Si se hace a la parrilla conduce siempre al mismo resultado: seca, sobre cocinada y dura. El plato fue un total fiasco. El postre crema de leche batida con nueces y almendras con una especie de praliné y congelado, califica sin pena ni gloria.
No se come bien en Armadillo
Carrera 5 N° 71ª-05