Pobre México o la agonía del sueño americano

El país debió haber tomado en serio las amenazas de Donald Trump, las intimidaciones y los ataques y haber actuado antes de que fueran realidad. Hoy debe buscar un nuevo liderazgo regional y nuevos socios.

El encuentro del entonces candidato Donald Trump con el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, el 31 de agosto de 2016.  / EFE
El encuentro del entonces candidato Donald Trump con el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, el 31 de agosto de 2016. / EFE
Foto: EFE - JORGE NUÑEZ

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Se le atribuye a un dictador mexicano la fase “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Porfirio Díaz, quien gobernó el país a finales del siglo XIX y principios del XX, sabía que la cercanía geográfica nos condenaba a tener una relación eternamente incómoda e ineludible con nuestro vecino del norte. Sin embargo, creo que ni Díaz estuviera preparado para los acontecimientos de las últimas semanas.

En junio de 2015, al mismo tiempo que Donald Trump anunciaba su candidatura a las primarias republicanas, declaró que los mexicanos éramos violadores, asesinos y personas con muchos problemas. Usó a todo un pueblo como chivo expiatorio de los problemas de Estados Unidos. Entonces propuso como solución la extensión de un muro a todo lo largo de la frontera con México. Su promesa de campaña se convirtió entonces en arenga en sus mítines, en los que las multitudes coreaban “build that wall”.

La posibilidad de que el candidato republicano se convirtiera en presidente pareció lejana durante casi la totalidad de la campaña. El ánimo de los mexicanos en contra del candidato era más una cuestión anecdótica que la percepción de una amenaza real. Sin embargo, las declaraciones en contra de México fueron en aumento mientras avanzaba la contienda. Inclusive Vicente Fox, presidente mexicano (2000-2006) y quien tuvo que lidiar con George W. Bush, declaró de manera pintoresca que México no iba a pagar por el muro. Artistas e intelectuales se pronunciaron en contra pero siempre con la esperanza de que nunca tendrían que lidiar con estas ideas proviniendo de la boca de un presidente.

El 30 de agosto, de manera imprevista y a través de un tuit, Trump anunció que se reuniría en México con el presidente Enrique Peña Nieto. La visita fue duramente criticada por la opinión pública mexicana. No solamente porque resultaba humillante recibir en territorio nacional a una persona que abiertamente había insultado a un país entero, sino también por las palabras tibias que se pronunciaron como resultado de ese encuentro. Peña Nieto justificó al candidato cuando durante la conferencia de prensa declaró: “Ha habido malas interpretaciones o afirmaciones que lamentablemente han lastimado o afectado a los mexicanos por la percepción de su candidatura, de la cual soy respetuoso, que el pueblo de México se había sentido agraviado por comentarios que se habían formulado”. Horas después, Trump insistió en que el muro sería construido y que México lo pagaría. El chiste se cuenta solo.

Después se supo que Luis Videgaray, el hombre de confianza del presidente, había sido el artífice de la reunión. El en ese entonces secretario de Hacienda y ahora (irónicamente) secretario de Relaciones Exteriores, había creído que un poco de diplomacia preventiva podría de alguna manera ablandar el corazón del candidato republicano o quizás sus vínculos con Jared Kushner, yerno de Trump, facilitarían algún tipo de negociación.

Trump tomó la Presidencia el 20 de enero y ambas suposiciones del secretario fracasaron rotundamente cuando Trump firmó una orden ejecutiva y anunció que la creación del muro sería una realidad. El anuncio que cayó como balde de agua fría al propio Videgaray quien se encontraba en Washington para negociar lo que quizás hasta ese momento podría haber sido una relación indiferente pero cordial. Peña Nieto había anunciado que se reuniría el 31 de enero en Washington con Trump. Reunión que parecía que no se llevaría a cabo. Días antes se reveló una encuesta que le daba a Peña Nieto una aprobación del 12 %. Con una notable falta de popularidad y apoyo dentro del país Peña Nieto se enfrentaba una amenaza que venía del exterior. ¿Cómo reaccionar ante el bully internacional del momento? El precedente de la reunión anterior no daba los cimientos para esperar que se tratara de una reunión cordial ni mucho menos que pudiera cambiar de parecer al primer mandatario estadounidense. Entonces, ¿Qué armas le quedan al Gobierno mexicano? Peña Nieto optó por dirigir un mensaje a los mexicanos en los que de manera enfática reiteró que México no pagaría ningún muro y que dicha decisión era contraria a la política que México quiere tener con Estados Unidos. Violando cualquier protocolo diplomático Trump mandó un tuit diciendo que si México no estaba dispuesto a pagar el muro, entonces era mejor cancelar la cita. Peña Nieto había perdido la partida y ese mismo día anunció que cancelaba la visita. México acabaría perdiendo de cualquier manera. Aunque a este incidente le siguió una llamada telefónica entre ambos mandatarios y el apoyo de la comunidad internacional la sensación es de un gobierno que tardó demasiado tiempo en decir que no.

Si el gobierno mexicano no condenó enérgicamente las amenazas disfrazadas de políticas, cuando nos llamó criminales durante las primarias, con qué fuerza se puede reclamar y exigir ahora. México debió haber tomado en serio las amenazas, las intimidaciones y los ataques y haber actuado aún antes de que fueran realidad. ¿Qué sigue ahora? Peña Nieto sigue siendo un presidente impopular, el peso mexicano sigue bajando en picada y la mayor parte de nuestras exportaciones van a Estados Unidos. Como escribió Ricardo Raphael en su columna en el diario mexicano El Universal, México debe apostar a que los enemigos del régimen Trump (internos y externos) lo hagan en pocos meses olvidarse de su vecino del sur. Sin embargo, el daño ya está hecho.

Existen especialistas que anticipan una guerra comercial entre ambos países. Si Trump pretende implementar un arancel del 20 % a los productos mexicanos para “pagar” por el muro serán los consumidores estadounidenses quienes acabarán asumiendo el costo. Sin embargo, si Estados Unidos decide dejar de consumir productos mexicanos, los empresarios ven riesgoso invertir en México, se crea un impuesto para las remesas y las deportaciones aumentan y el flujo migratorio disminuye. Por más nuevos enemigos que tenga el régimen difícilmente México saldrá bien librado.

Trump no dará tregua y a diferencia de los políticos latinoamericanos parece que él sí hará lo posible para cumplir sus promesas de campaña. El estadounidense ya firmó la orden ejecutiva para el muro, ya firmó la orden para dejar fuera de Estados Unidos a los refugiados y a nacionales de seis países (Afortunadamente ACLU, una organización de derechos humanos, logró que un juez pusiera un alto temporal) y probablemente vendrán muchos más momentos oscuros con esta nueva administración. Lo que es claro es que México debe estar en la avanzada y anticipar de dónde vendrán los ataques del vecino del norte.

Es tiempo de que México busque un nuevo liderazgo regional y nuevos socios no sólo comerciales, sino también con quienes crear una fuerza lo suficientemente intimidatoria para amortiguar cualquier golpe futuro. Peña Nieto deberá hacer uso de sus dos últimos años de mandato para lograr superar esta coyuntura y sólo así, si logra librarnos de esta, podrá de alguna manera solventar los cuatro anteriores años en los que la crisis, el descontento y la incompetencia han manchado su presidencia. Esta vez Trump se topó con un país débil y titubeante, sólo el tiempo dirá si México aprendió la lección.

Periodista mexicana

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