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La nave de los locos

Andrés Hoyos
16 de junio de 2009 – 08:11 p. m.

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EN 1494, SEBASTIÁN BRANT PUBLICÓ un libro famoso llamado La nave de los locos.

Supongo que este satírico y moralista alsaciano no sospechaba que más de quinientos años después su título sería una metáfora perfecta para describir al Congreso de la República de Colombia.

La nave local no es una nave cualquiera. En su cubierta pululan los micos, como si en vez de flotar en el mar estuviera sembrada en la mitad de la jungla de una república bananera. Grandes, pequeños, hirsutos, lampiños, pérfidos, inocuos, sucios, catastróficos, ridículos, estos primates son el símbolo de la trampa sistemática que la Rama Legislativa del poder público nos ha venido haciendo a los colombianos desde hace décadas. Meter micos en proyectos extraños es una forma cobarde de legislar. Con la misma filosofía, bastantes ex congresistas, tal vez efímeros suplentes de algún fulano que cayó preso, tramitaron pensiones ilegales, y son reiterados los escándalos administrativos que dan cuenta del robo y el desfalco habituales.

Hay, desde luego, una minoría recta, que sin embargo no logra quitarles el mando de la nave a los locos y hacerla virar hacia donde tendría que ir. El deterioro de la situación ha venido en aumento. Aseguran los jefes paramilitares que en las últimas dos elecciones parlamentarias lograron hasta el 35% de las curules y, si les reconocemos a las Farc su pedazo más pequeño pero no menos pérfido del mefítico ponqué, podemos afirmar que cerca de la mitad del Congreso no representa a la ciudadanía: representa la violencia que se ejerce contra ella.

Pero algo extraño sucedió este año, quizá a los locos les pareció demasiada afrenta tener a más de setenta colegas investigados, procesados o condenados por delitos, y la nave entró en la fase del descaro. A pesar de su legitimidad nula, algunos nos quieren embarcar no ya en un referendo lleno de irregularidades y de desatinos, sino en una asamblea constituyente con el propósito ostensible, y delirante, de eternizar al actual presidente en su puesto. Piense, nada más, querido lector en el oso grizzly internacional que Colombia haría si un proyecto de esa naturaleza se consuma. Otra explicación podría ser que el deschavete se esté exacerbando a causa de la demanda por prevaricato que pretende procesar a 86 congresistas por votar en favor del referendo re-reeleccionista, demanda que no iría a ninguna parte de estar dirigida contra un cuerpo legislativo sano. La culpa los carcome, no hay otra explicación.

Ahora bien, la nave es de los locos porque los cuerdos, por así llamarlos, han permitido que lo sea. Yo de veras no entiendo la lógica de personas como Sergio Fajardo, Lucho Garzón, Enrique Peñalosa, Antanas Mockus y demás políticos limpios de centro —la tendencia con mejor perspectiva en la coyuntura actual—, quienes van cada uno por su lado y se rehúsan a discutir una plataforma conjunta para lanzar listas fuertes al Congreso, como preludio de un proyecto futuro. ¿No entienden que al tener en el Congreso a una nave de los locos estamos condenando el proceso democrático al fracaso, cuando no al ridículo? Yo en este caso me inclino por la explicación de Antonio Caballero, según la cual en nuestro pintoresco país todo político quiere ser presidente, como si no hubiera otros puestos.

Lo peor de todo es que los demás colombianos, sin saberlo, somos pasajeros de la nave de los locos. Yo, al menos, estoy bastante mareado.

andreshoyos@elmalpensante.com

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