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El día que un joven compositor argentino llamado Astor Piazzolla estrenaba su Sinfonía Buenos Aires, pieza que le determinó ser becado para perfeccionarse en París con la legendaria pedagoga Nadia Boulanger, pareció que el mundo se le venía encima. Una horda de detractores del nuevo lenguaje que involucraba ribetes de tango dentro de un formato tradicional de cámara se había ido lanza en ristre contra los fanáticos del autor, de apenas 34 años.
Alguna crónica habló de puños, sillas y sombrillas volando de lado a lado en el auditorio de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires esa noche de 1955. Lo que Piazzolla atestiguaba demudado, fue visto con buenos ojos por el creador de la mencionada beca, Fabien Sevitsky. “Don’t worry! That’s publicity!”, atinó a decirle en medio de la asonada al becario, mientras le recordaba que algo igual había sucedido en 1913, en el estreno de La consagración de la primavera de Stravinsky, a la postre parteaguas absoluto de la música académica, entre los lenguajes de antaño y los de hoy.
Quizás en el esfuerzo hoy archipopular de Piazzolla (artista cuyo repertorio ha sido recurrente en el Festival) pueda uno encontrar una semilla característica del diálogo sonoro entre Europa y América. No la primera, sí la más rotunda y perdurable: la de la apropiación de las lecciones de los compositores nacionalistas de finales de siglo XIX en el Viejo Continente como un ejemplo de cómo abordar un ideario musical académico americano.
Aunque si habláramos de diálogo en sentido estricto, estaríamos refiriéndonos a los nacionalistas de Rusia, Checoslovaquia y España como primeros interlocutores. La música del Barroco europeo pisó suelo americano no precisamente en aras de la conversación, sino como un elemento impositivo más de la Conquista. Aun así es imposible hacer una revisión de esos encuentros tempranos sin mencionar nombres como los del español José Marín (1618-1699), el mexicano Sebastián Durón (1660-1716) o nuestro primer compositor barroco local, el aparentemente bogotano José Cascante (1646-1702).
Así que volvamos al diálogo, factor mucho más notable unos 200 años después, para recordar cómo la personalísima obra del brasileño Heitor Villa-Lobos (1887-1959), cuya música priorizaba por igual a Bach y al Amazonas, llegó a ser la primera referencia que se tuvo en Europa de unos sonidos académicos atravesados por las influencias locales y unas raíces folclóricas específicas. Ese mismo origen se constata en los acercamientos al danzón cubano y al son jarocho del mexicano Manuel María Ponce (1882-1948), en la mirada indigenista azteca de la obra integral de su compatriota Silvestre Revueltas (1899-1940), en la revisión del malambo y de la influencia de la música pampeana del argentino Alberto Ginastera (1916-1983) y en la apropiación armónica y delicada de la tradición danzable cubana en la pianística de Ignacio Cervantes (1847-1905) y Ernesto Lecuona (1895-1963).
La tradición académica nacionalista sigue teniendo una relevancia capital en los repertorios de orquestas de todo tipo, tanto de aquí como de allá. Sin embargo, pasado tanto tiempo y de una manera casi paralela (por no decir desmarcada), la evolución misma de las músicas populares y folclóricas ha visto el nacimiento de vertientes pasadas por el filtro de la vanguardia. Música tradicional evolucionada, que no por eso deja de ser ni lo uno ni lo otro. Como la del Nuevo Tango, aquella que el propio Piazzolla asumió como propia a partir de 1956, una tarde parisina en que Nadia Boulanger lo tomó de las manos después de escucharlo tocar en 2×4 para decirle: “Ese es el verdadero Piazzolla. No lo abandone nunca”.
Es que si uno se lo piensa bien, de todas maneras, es tan rotundo el choque de las ramas de los árboles en las selvas centroamericanas, tan ensordecedor el caudal del río Amazonas, tan armónico el ulular del viento en la Pampa austral… Tanta personalidad desmesurada hay en América, que su música pudo no haber mirado a Europa y ser igual de inquietante y exclusiva. Pero esa sería ya otra historia.
* Jefe musical de Radio Nacional de Colombia.