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Dos vecinos de Piedecuesta (Santander) terminan de ver una función de teatro en el pueblo y uno le dice al otro que el teatro se ha vuelto muy trascendental y que en vez de tanto complique alguien debería hacer una obra sobre alguien que simplemente no puede cagar. Literal. Edson Velandia, que nació en Bucaramanga pero vive en Piedecuesta desde hace 30 años, escuchó la queja de su conciudadano, y luego se sentó en el computador de su casa —en donde vive con su mujer y sus dos pequeños hijos— a buscar por internet información sobre el estreñimiento. “Googleando”, Velandia, que a estas alturas ya suma más de diez discos, incluidos los que hizo con la recordada agrupación Cabuya, con su banda Velandia y La Tigra o con los niños del jardín infantil La Ronda de Bucaramanga, se encontró con una noticia de 2004 que denunciaba que de la casa museo de Lucho Bermúdez en El Carmen de Bolívar (su pueblo natal) se habían robado una bacinilla. Pero no se trataba de cualquier bacinilla. Según la nota de prensa era la bacinilla que uno de los músicos colombianos más importantes y populares del siglo XX cargaba dentro de su maleta, el segundo objeto en importancia después de su clarinete, aunque si uno lo piensa bien en realidad tuvo que ser más importante como para que un tipo de su reputación artística la llevara a todas partes a donde iba.
Velandia, hijo de humorista y peluquera, compositor como pocos dentro de la nueva música colombiana y quien a estas alturas ha hecho música para cine, teatro, funciones infantiles y para adultos (y quien a través de su extenso cancionero no sólo ha retratado la idiosincrasia musical y oral de Santander sino que ha puesto el rock colombiano patas arriba), se sentó entonces a escribir una historia sobre un poeta sin gloria enamorado de una prostituta y que por culpa de un amigo pierde su bacinilla personal y con esto su capacidad de defecar; una obra que, más que una mamadera de gallo, se convirtió en algo muy serio porque en 2012 recibió la beca de dramaturgia teatral del programa de estímulos del Ministerio de Cultura. En otras palabras, recibió un espaldarazo como pocos y se convirtió en otro de los proyectos serios de Edson Velandia, como el libro Cancionero rasqa que este 2015 lanzó en el Teatro Colón de Bogotá y cuyo primer tiraje de 1.100 ejemplares está apunto de agotar existencias (y eso que ha sido vendido prácticamente “puerta a puerta”, directamente en sus toques y en librerías que no son de cadena).
Así nació La bacinilla de peltre, una ópera “rasqa”, un término que comenzó a usar y a popularizar el propio Velandia hacia el año 2007, cuando sacó el primer disco de Velandia y la Tigra, Once rasqas, a estas alturas un clásico de la nueva ola o la nueva música colombiana, y en donde este guitarrista y cantante y director y escritor y hasta titiritero cruzó musicalmente un burro con un felino: la música rural con la música moderna, la que viene del monte con la que se asentó en las ciudades, fruto también de inmigraciones, mestizajes y cruces bastardos o de fino pelaje.
Más que una ópera es, en todo caso, una antiópera, o, mejor dicho, una ópera irreverente que justamente se toma el escenario más reputado de ópera en el país, el Teatro Colón, para su estreno nacional (o “mundial”, como pidió Velandia que dijera en los carteles promocionales de calle). También habrá una función en Piedecuesta (el 1º de noviembre), pero en Bogotá serán dos funciones (6 y 7 de noviembre) y en un Colón que desde su reapertura el año pasado está ampliando y llevando su línea de programación a montajes con un gran contenido diferencial (como el show Red Bull 3 Mundos, que unió al grupo de hip hop Crew Peligrosos con Juancho Valencia, del grupo de cumbia rebelde Puerto Candelaria, y la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia).
En el elenco de La bacinilla de peltre participan la esposa de Edson, su primogénito, Luciano Awa Velandia, y algunos otros miembros de su familia (como su hermana Zulay Velandia, que también es humorista y, como su papá, Germán Velandia, dio bastante “lora” en el programa de televisión Sábados Felices). Toda la música que suena durante esta ópera rasqa no podría ser de otra banda que de su agrupación Velandia y la Tigra, que hacia 2011 se disolvió y que a través de este montaje está de regreso a los escenarios. Edson Velandia figura en el álbum recopilatorio El Dorado (un tributo a Aterciopelados) y su nuevo disco personal se llama Aputói: Canción de un solo tiro (está recién salido del horno y es Edson Velandia tocando en vivo una sola canción durante una hora junto a un dream team de artistas nacionales entre los que se encuentran Las Áñez, Kike Mendoza y Ricardo Gallo), pero, sin duda, La bacinilla de peltre es una mixtura única y en directo para vivir su universo sonoro y extramusical, su militancia en otras artes y ese halo de irreverencia genuina e inteligente que le han aplaudido sin intermitencias desde hace casi ya 10 años.
Algo así difícilmente se volverá a ver en el Teatro Colón, y eso que estamos hablando del mismo tipo que en una de las ediciones anteriores del festival Jazz al Parque dirigió una big band con un machete en la mano y que antes de La bacinilla de peltre sacó adelante otros espectáculos de música en vivo y teatro como La mafia del aguacate, La pasión según el burro y Meras mentiras, todas intrínsecamente relacionadas con la cotidianidad de Piedecuesta.