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El dibujante de las monolíneas

Homenaje al cronista y pintor Jorge Moreno Clavijo.

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Recordar a los antiguos reporteros y cronistas de sucesos solo se da cuando de manera sorprendente nos los cruzamos con el tiempo en un homenaje oportuno por sus años dedicados a un oficio o arte. O cuando la vida nos lo presenta de algún modo. Esa generación de reporteros de antaño retrataron de manera ágil, sensible y minuciosa esos sucesos de la vida cotidiana,  que en otras noticias no aparecían. Uno de ellos, Jorge Moreno Clavijo nacido en 1921 vive aún hoy. A sus 90 años, ya más pausado en su andar y conversar; no obstante con una contextura corpulenta y de manos firmes muestra precisamente con éstas que a su oficio de periodista le dio forma al convertirse en el dibujante de las monolíneas que  dejaba en sus trazos el rostro, el gesto, la sonrisa de aquellos personajes de la época que dieron cuenta de distintas generaciones de poetas, políticos, escritores, periodistas, etc. Moreno Clavijo descubrió su vocación de dibujante en el colegio donde estudió y empezó a dibujar a sus compañeros, a los profesores. Después realizó sus primeros dibujos para diarios como Mundo al día y La Razón de Juan Lozano. Trabajó para El Tiempo como columnista y llegó a El Espectador donde se consolidó en la sección el Personaje del día. Cuenta: “me dediqué a hacer un personaje en una línea continua sin levantar el lápiz”.  A varios de esos personajes los había conocido al formar parte de las Tertulias del Café El Automático donde se reunían escritores, periodistas, políticos, poetas, con los que Moreno Clavijo compartía ese sentido crítico por aquella ciudad que apenas se extendía hasta la Avenida Chile y que vio destruida por completo el 9 de Abril de 1948 cuando estaba cubriendo la Conferencia Panamericana. Del 9 de abril rememora: “pude estar en contacto con los presidentes y expresidentes que estuvieron y estaba enfocado en los distintos temas, cuando de repente mataron a Gaitán. La gente decía que le habían alcanzado a levantar la cabeza después de que le pegaron los balazos por la espalda, pero no, eso no es cierto.  Yo salí de la Conferencia y fui hasta la Avenida Jiménez y ya se lo habían llevado agonizante a la Clínica Central.  A Gaitán también lo había caricaturizado, porque  tenía unos rasgos muy definidos, una sonrisa para todos los momentos y además conversaba muy agradable”. En los papeles que después Moreno Clavijo convirtió en tomos de libros. Uno Mi generación en líneas, publicado en 1951. Otro titulado El Hombre que hacía monitos de 1964. Y 85 colombianos en el lápiz de Moreno Clavijo de 1977  fue dejando los rostros, las posturas, las expresiones más notorias de personajes de la vida nacional. En su libro Mi generación en líneas,  el libro que con más cariño toma en sus manos y del que le gusta comentar, recogió en líneas 39 personajes de su generación: “Con la línea se logra la mejor etapa de un hombre, el secreto está en captar qué resume al individuo: la boca, los ojos, los dientes o un ángulo del cuento, por eso la caricatura sintética es más exacta que el dibujo completo, la línea exacta sobre el papel exige, con la línea se logra el golpe directo. Están como los veo, como son, sin adornos ni vanidades, atravesados por el trazo despiadado de la línea, muchos de estos ya desaparecieron o fueron de mi corta figuración, fueron de mi generación. Fernando Arbeláez, Manuel Arango, Luis Gabriel Cano, Guillermo Cano, al que asesinaron, director de El Espectador, Abdón Espinosa Valderrama que todavía escribe en el periódico, Álvaro Esguerra, Julio Fajardo, un pintor que murió muy joven, Jorge Gaitán Durán, el poeta, Fernando Villegas Martínez, etc”. Y recuerda a otros que caricaturizó como Próspero Morales Padilla, Álvaro Mutis, Indalecio Liévano, Otto Morales Benítez, al arzobispo Ismael Perdomo; el presidente Eduardo Santos, a Calibán; al padre Félix Restrepo; Enrique Uribe White, el director de la Revista Pan. Todos de esta ciudad o de otras que habían llegado a la capital a hacer arte, poesía, periodismo o pintura. Alejandro Obregón, el pintor; Gabriel García Márquez, el nobel de literatura. Y Jorge Eliécer Gaitán, el liberal inmolado en aquella ciudad que Moreno Clavijo y otros reporteros de la época como Felipe González Toledo y Elías García vieron destruida. Agudo en sus apreciaciones, tanto como firme en los trazos de sus caricaturas dice que para dibujar al caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán se fijó en su boca y en la mano que levantaba para enfatizar en su elocuencia, esa que manifestaba en sus discursos en el Teatro Municipal. Y agrega: “En Jornada, el periódico que dirigía mi amigo y colega Osorio Lizarazo utilizábamos el retrato de Gaitán cuando se entrevistaba o hablaba del caudillo. A esa Bogotá de los años 40 perteneció, después de que incursionara en el periodismo siendo un muchacho de apenas diecisiete años. Y al haberse graduado en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional no solo fue dibujando a los personajes de ésta a través de sus monolíneas, sino que, como otros reporteros de la época la fue escribiendo en algunas  crónicas. Una de éstas, El elogio del gozque, donde logró mostrarnos a ese perro que transita por las calles de toda urbe en busca de algún amo. Dice del gozque: “sí, el perro de la calle, el gamín, el compañero, el perro que no tiene ninguna oportunidad,  siempre lo echan y lo sacan de todas partes. La inteligencia que tiene no la tiene un perro fino, porque al perro fino se le da todo, el gozque tiene que conseguirlo todo, se tiene que alimentar.  Era lo que llamábamos en la sala de redacción de los periódicos la observación de sucesos”. Y fue esa observación de sucesos lo que lo llevó a mirar en detalle el ser de los personajes que entrevistaba en las Sesiones del Congreso, de la Cámara y El Senado, de las cuales salía admirando a los parlamentarios y políticos que según él eran “piezas maravillosas de la oratoria”. Será por eso que no solo sabe describir de manera precisa la fisonomía de estos personajes, sino el misterio que rodeaba la existencia de cada uno de ellos. La forma como habían incursionado en el periodismo, la política, el arte. A Gaitán Durán lo recuerda como un gran poeta y un gran dirigente popular. A los hermanos Otto y León de Greiff como los que se pusieron a la vanguardia de los escritores de su tiempo. Los admiraba y entonces los dibujaba. Y hoy sabe con certeza que el debate político de entonces era más contundente y más serio que el actual. En el año 2012 fue homenajeado por la Alcaldía Mayor de Bogotá como el Maestro de la Monolínea. Ahora recorre la sala de su apartamento y detalla con el dedo índice los cuadros donde aparece con otros periodistas en la Terraza del Periódico El Tiempo.  Se acompaña de quien mejor lo ha sabido cuidar, su esposa Fabiola, dulce y delicada, con quien tuvo una hija que se encuentra en el exterior. De sus cuadros al óleo que también ha pintado y de otros como el de la figura de una mujer con varios rostros hecho por un francés.  El impulso de sus manos para dibujar quedó fijo en el trazo en blanco de un pájaro en vuelo puesto en un fondo azul pastel. Moreno Clavijo se sienta cerca de él y entonces ese azul se refunde con el de su saco. Y abraza a doña Fabiola para dejar atisbar también su rostro, su gesto, su sonrisa, quién lo retratará a él. Si escarba en sus cuartos seguramente seguirá encontrando la fantasía que encierran sus monolíneas.  

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