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El placer de investigar en la nueva BN

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LA SEMANA PASADA VISITÉ LA BIblioteca Nacional para investigar en sus colecciones.

En ese lugar los tiempos presentes son muy buenos y muchísimo mejores que los que recuerdo, cuando hace unos 20 años estuve investigando acerca de la historia monetaria y bancaria de Colombia.

En aquellos años el panorama de la Biblioteca Nacional era poco agradable, pues todo parecía envejecido, deteriorado y de una pobreza vergonzante. El ambiente solía recordarme siempre una entrevista en la cual Jorge Luis Borges se refirió a su modesto oficio de auxiliar en la Biblioteca Nacional de su país, en tiempos de la dictadura de Perón. Borges decía que sus compañeros de trabajo eran de una lógica tan elemental que cuando en uno de los baños violaron a una joven, concluyeron que aquello era inevitable, pues los baños de ambos sexos quedaban uno al lado del otro. Para ilustrar lo desinformados que eran sus “colegas”, contó cómo en una ocasión uno de ellos se sorprendió de haber encontrado en uno de los estantes un libro de un autor llamado Jorge Luis Borges, que era de Buenos Aires: ¡Che, pero qué coincidencia!

Pues bien, grata sorpresa me llevé desde que entré recientemente a la Biblioteca Nacional. Me tomó unos pocos minutos sacar el carné y sólo me pidieron la cédula y dos fotos (las cuales ya llevaba por indicación de una colega bien informada). Hace 20 años había que llevar una carta de la institución donde uno trabajaba, luego le hacían llenar un largo cuestionario que preguntaba cosas como: ¿Qué resultados espera obtener de su investigación? Además, había que estar largo rato para que un funcionario muy ocupado en otras labores administrativas lo atendiera a uno.

Las cosas entran por los ojos y este edificio de 1938 se encuentra en magníficas condiciones. No es por patear la lonchera, pero a mí me gusta mucho más este edificio que el esperpento de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

Pero lo más importante de todo, por supuesto, es que el personal, los equipos y la organización actual de la biblioteca le permiten al investigador un rápido acceso a la colección, que en áreas como la historia colombiana del siglo XIX es la mejor de todas.

Los bibliotecarios me ayudaron a ubicar lo que estaba buscando, incluso un artículo que no quedó grabado en el microfilm que ahora ponen a disposición del público para no deteriorar el material. Además, sin mayores demoras pude obtener las copias que solicité (tanto fotocopias como fotografías).

Pero sobre todos los aspectos mencionados, me llamó la atención la actitud de servicio de los funcionarios con los cuales tuve alguna interacción. Ya cuando salía de la Biblioteca Nacional la joven que me entregó el morral que había dejado en depósito a la entrada, me preguntó, muy cordialmente que si había encontrado lo que estaba buscando. Tal vez le he debido decir que también había encontrado algo que no esperaba: un magnífico servicio.

No se cuándo empezó la transformación de la Biblioteca Nacional y tampoco quiénes fueron los responsables, en todo caso debemos agradecerles a ellos y a los actuales funcionarios que uno pueda decir que en ese lugar es un placer hacer investigación.

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