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La Iglesia autoritaria

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SE HA DICHO ANTES, PERO VALE LA pena repetirlo ahora: la Iglesia Católica es una institución autoritaria.

Y toda institución autoritaria, ya sea un partido político, un gobierno o una iglesia, tiene algo en común: sus jefes anteponen la ideología de la corporación a las personas que la conforman. La institución, afirman, es permanente (o aspira a serlo), mientras que los miembros son transitorios, y sus pilares filosóficos se deben preservar por encima de todos. En la Iglesia Católica, a diferencia de un partido o un gobierno creado por seres falibles, hay una razón adicional para justificar el dogma y la rigidez: es la palabra de Dios. No exactamente una postura que invita al cambio o a la evolución del pensamiento.

Sin embargo, los últimos datos sobre creencias religiosas en los Estados Unidos reflejan la urgencia de que la Iglesia se actualice. Desde 1990, el número de ciudadanos que no se afilian a una religión casi se ha duplicado, pasando del 8 al 15%. Y el porcentaje de quienes se sienten cristianos ha caído en diez puntos: del 86 al 76%. Y esta tendencia se va a agudizar.

La causa de semejante crisis, con la nave de la Iglesia haciendo agua y sus feligreses saltando a otras barcas o a tierra de ateos, es obvia para todos salvo para los prelados: su dogmatismo y alergia al cambio.

Sin duda, varios temas en la agenda mundial son complejos. El aborto, la píldora del día siguiente, el matrimonio homosexual y su derecho de adopción son espinosos. No obstante, hay dos que reflejan, más que ningún otro, la intransigencia de la Iglesia y su rigidez medieval: el celibato y el condón.

Repitamos lo siguiente: que la Iglesia se oponga a que sus curas tengan relaciones sexuales es monstruoso. Y tenebroso para la sociedad, pues está a la raíz de miles de casos de abuso sexual. Aun en un tema tan aberrante, los jerarcas defienden el dogma antes de millones de niños que están en manos de varones con apetitos carnales reprimidos y latentes.

Igual con el condón. Sí, hay temas complejos, desde luego. Pero, ¿el uso del preservativo? La posición de la Iglesia en algo tan simple ha defraudado a muchos feligreses, y en África ha condenado a muerte a millones por el contagio del sida. ¿Cómo puede el Vaticano provocar semejante horror sin vacilar? De nuevo: la ideología por encima de las personas. Así mueran por millares. ¿Es esa la voluntad de Dios?

Cambiar no es ser débil. Lo débil, a la larga, es ser incapaz de asimilar lo diferente en el sistema. Muchos admiran la solidez de la Iglesia. En medio del vértigo de la modernidad aplauden una mansión que sigue intacta. Eso suena lindo, pero deja de serlo cuando, justamente por no cambiar de ideas en aras de la compasión y la cordura, sufren multitudes.

Hoy, después de tantas demandas por abusos sexuales (más otras por malversación de fondos), yace una larga estela de víctimas. Millones de dólares en pérdidas. Una cantidad imposible de medir en dolor humano. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo la Iglesia va a sacrificar a la gente en el altar de su ideología? Quién sabe. Mientras tanto, otros seguirán sufriendo y miles de católicos dejarán sus filas. Al final, quedará la mansión intacta, con el eco de sus víctimas resonando en las naves.

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