Alianzas: a tiempo y sobre la mesa

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En un momento en que todas las encuestas coinciden en dos punteros, Fajardo y Petro, deslindándose de la polarización, las alianzas deberían consolidarse antes de unas parlamentarias que ocurrirán en 30 días.

Por los lados del Centro Democrático las cosas son bastante claras: la metodología de selección ha sido abierta, exitosa y transparente, aunque el candidato Duque se encuentre en una carrera contra el tiempo para hacerse conocer y el expresidente Uribe, curtido político y “dueño” del respaldo popular de ese partido, pareciera a punto de perder con el expresidente Pastrana, quien no tiene votos, la consulta de marzo en la que intervendrán, inevitablemente, los contradictores de Uribe contra Duque.

Por otra parte, los sectores diferentes al Centro Democrático aparecen fragmentados.

Mientras Petro ha obtenido beneficio promocional de su consulta con Caicedo, la reticencia del candidato Fajardo para una alianza con sectores del liberalismo, De la Calle-Clara López, puede ser, a la larga, una eutanasia política que, sin embargo, encuentra alguna explicación en la connotación negativa entre sus electores que pude tener un partido involucrado con un gobierno del que hizo parte fundamental su competidor German Vargas quien, si no pasa como todo indica, se uniría con el candidato Uribista.

El ejemplo, en materia de alianzas, lo ha dado esta semana la política alemana: para formar gobierno ha sido necesario que se pusieran de acuerdo centroderecha y socialdemocracia, previo acuerdo que incluye ceder varios Ministerios a esta última. La canciller Merkel sigue gobernando, pero la ejecución de políticas, entre ellas la manija de las finanzas públicas, estará en manos de sus históricos contradictores. Ello le ha costado a la señora Merkel una rebelión de sectores de su partido que pide renovación, pero para la gran mayoría de ciudadanos se trata de un acuerdo pragmático y satisfactorio que permite la marcha del gobierno y, de paso, de la Unión Europea.

Por supuesto se trata de un sistema parlamentario, pero la característica para destacar es que los acuerdos se realizan por encima de la mesa, lo que permite a la ciudadanía a afinar la vigilancia estableciendo responsabilidades sobre el desempeño de los gobiernos.

En Colombia, casi como regla, los electores no se enteran a qué partidos o movimientos representan quienes deciden presupuestos y políticas públicas. Las críticas se limitan a la manera burlona como algunos formadores de opinión se refieren a la asignación de cargos como “mermelada”, burocracia o politiquería en lugar de exigir transparencia. El asunto de fondo es que no sabemos a quién representan los funcionarios de primer nivel (quienes nombran a los demás y deciden la contratación) o a cuál partido deben responder por la ejecución, o no, de sus políticas. Por cierto, los gobiernos, todos y en todas partes, tratan de gobernar con sus amigos y no con sus detractores. La política real es sobre transacciones y alianzas.

En nuestro país el gobierno se ejerce de manera vergonzante y no solo por los permanentes hechos de corrupción que el país cada día conoce. El transfuguismo es regla y no solo en los partidos tradicionales. Como un ejemplo entre muchos, más se demoró el exalcalde Garzón en hacerse elegir a nombre del Polo Democrático que en pasarse a los verdes, a los que no sabemos si hoy en día pertenece, o si representó en su paso como ministro del gobierno Santos. El candidato Vargas, entre tanto, conformó el gobierno Santos en representación de Cambio Radical, pero se inscribió ahora por firmas. La pregunta que corresponde es a cuál partido pueden reclamar los electores acerca de su desempeño como funcionarios.

A pesar de su aparente distanciamiento, el Gobierno fue señalado recientemente de terciar en las parlamentarias en favor de Vargas reafirmando el rumor de que es el candidato de Santos, pero se resiste a asumir el desgaste de un gobierno del que fue eje indiscutible.

Para hacer diferencia, el profesor Fajardo debería recordar que, especialmente en esta Colombia, una cosa son los partidos y otra los sentimientos partidistas. Por cierto, el sentimiento liberal, en todas las encuestas, sigue apareciendo con la mayor y  mejor credibilidad. Y las transacciones en política son inevitables. Hacen parte de su esencia y de sus reglas no escritas. Es siempre mejor hacerlas a tiempo y por encima de la mesa.

@herejesyluis

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