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Definitivamente el fenómeno político que se está viviendo en Colombia para las presidenciales es llamativo. No es para menos, pues lo que estamos viviendo en las últimas semanas ha llamado la atención. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho y será mucho lo que hay que empezar a debatir para persuadir a los electores desprevenidos y sobre todo aquellos ávidos de discursos prometedores. La batalla es ardua, pero no por ello no se puede dejar de debatir y sobre todo de buscar el beneficio común.
Como los pensamientos extremos le temen a la evidencia contraria, mejor ni hablo de los contra de los modelos que se están gestando en el país del Sagrado Corazón. Así las cosas, lo que necesita el país es una prenda de garantía para sus interesados claves. No son sólo las empresas y las industrias es la fuerza laboral, los proveedores, clientes, los consumidores y el mismo Estado. Un modelo sostenible es el que necesita Colombia. Para ello se debe reforzar la producción nacional y buscar nuevas fuentes de progreso. Impulsar a los emprendedores diferenciados es la labor que el Estado y sus instituciones deben propulsar.
Pensar en una repartición equitativa de la riqueza debe depender de qué tanto está preparada la gente. Cuanto mejor preparación tengamos los ciudadanos, más y mejores éxitos cosecharemos. Así las cosas, es deber de los ciudadanos buscar una mejor preparación. Para ello el Estado debe garantizar el acceso a la educación. Ahora bien, en un mundo tan cambiante, la educación debe ser el pilar fundamental de una reforma estructural. Para poder lograrla es deber del Estado (todos) hacerla realidad. Como el Estado somos todos, debemos los ciudadanos apoyar propuestas que tiendan a este anhelado objetivo. Para ello debemos persuadirnos que para poder tener mejor preparación es necesario que todos invirtamos. El día que no invirtamos y nos dediquemos a esperar la ayuda gubernamental, ese será el principio de una generación dependiente y sin ganas de salir adelante.
Por eso debemos abrir bien los ojos de los ciudadanos superficiales y amantes de discursos esperanzadores pero ausentes de sustento económico. No es posible que los menos favorecidos sean lo contrario a punta de subsidios. La única manera de progresar es invirtiendo en sus competencias. Un ciudadano con buenas competencias no sólo es más visible al momento de emplearse. Mejor aún serán proclives al emprendimiento diferenciado, es decir serán más empleadores que empleados. Ahí es donde se necesita el apoyo del Estado y de los empresarios.
Es por eso que en lugar de generar y exacerbar el miedo que produce las ideas extremas, es necesario que los empresarios abran sus ojos y comiencen a generar ideas en pro de un Estado que brinde garantía para el crecimiento económico. Este crecimiento económico debe ser sostenible y sobre todo debe ser inclusivo. Es allí donde se puede marcar una diferencia. Las agremiaciones deberían participar activamente en la generación de ideas beneficiosa para todos y no sólo para sus agremiados. El día que se propongan propuestas inclusivas, seguramente abriremos los ojos de todos los ciudadanos pero sobre todo se educará y liderará con el ejemplo.
El llamado no es a llenarse de odio y de pavor por las ideas extremas. Más bien es abrir los ojos y hacer tangible la necesidad de un cambio sostenible y beneficioso para todos. La sostenibilidad es el deber del Estado y de los empresarios e industriales, pero sobre todo de los ciudadanos. Confío en las buenas intenciones, pero ellas deben ser perfectamente inclusivas. En lugar de estar criticando lo que hay que hacer es salir a votar, y votar bien, no por un candidato sino por una propuesta verdaderamente holística y no una que se aproveche que la necesidad inmediata, esa que además no tiene soluciones inmediatas, pero suena linda.