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La fila interminable de camiones del ejército cargando decenas de ataúdes en la ciudad de Bérgamo, ultrarreplicada por los noticieros, fue una imagen que revolvió la moral de los italianos, confinados desde el pasado 14 de marzo. Que desnudó la intransigencia de un virus que ayer superó la barrera de los 15.000 muertos en Italia, el país más golpeado por el brote en el mundo. Y que solo ayer registró alrededor de 800 fallecidos. Allí, al norte, en la región de Lombardía, en ciudades tan renombradas por su riqueza, catalogadas como un escenario de ensueño para jubilarse y descansar, son el lugar donde el coronavirus más desgracias ha desencadenado.
Un fenómeno del que existen varias hipótesis. Según el Instituto Nacional de Estadísticas de Italia (Istat), en ese país existen 14 millones de personas mayores de 65 años, lo que representa alrededor del 22 % de una población que tiene una edad media de 45,7 años y en donde el invierno demográfico ha sido un tema de interés nacional.
Allá, en Bérgamo, Nicolás Gómez, uno de los mayores prospectos del ciclismo colombiano, etiquetado como el futuro gran velocista, habló con este diario de cómo ha sido su confinamiento y el ambiente que se respira en la ciudad, desolada, en la que no se ve gente en las calles. “Cuando en el noticiero mostraron lo de los camiones llenos de personas muertas, dije: ‘Esto no puede ser cierto’. Y unos minutos después, que vivo en la vía principal, escuché un ruido muy fuerte. Me asomé a la ventana y los vi. Ese momento marcó un antes y un después en los italianos, que tal vez al comienzo no habían tomado conciencia, luego de eso no se volvió a ver a nadie en las calles”, reconoce.
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Y justo allí, en Bérgamo, hay remordimiento por cuenta del deporte. Paradójicamente, a raíz de uno de los momentos más felices de la ciudad, el 19 de febrero, en la goleada 4-1 del Atalanta de los colombianos Duván Zapata y Luis F. Muriel sobre el Valencia que significó el pase, por primera vez, a los cuartos de final de la Champions League. Al estadio San Siro de Milán asistieron 45.000 espectadores, entre ellos 2.000 españoles.
Foto: AFP
La sanción social de Walter Ricciardi, representante de la OMS en Italia, quedó en la conciencia colectiva de los italianos. “Creo que ese partido tuvo un papel muy importante en lo que pasa en Lombardía. Un tercio de la población de Bérgamo estuvo en San Siro y luego salió a celebrar. No es casualidad que esta ciudad sea uno de los principales focos. Y tampoco que los ciudadanos españoles que viajaron a Milán hayan transmitido el virus en su país”, recalcó.
“Ese es un capítulo que marcó el contagio tanto en el norte de Italia como en España. Todas las ganancias de la boletería terminaron en los hospitales, buen gesto, pero ese partido nunca se debió jugar. El daño ya estaba hecho: hubo mucha gente abrazándose allá”, apuntó Nicolás.
El velocista colombiano de 19 años empezó su confinamiento el pasado 8 de marzo, y ya va a cumplir un mes sin pisar la calle. Y faltan al menos 45 días más. Así lo confirmó Angelo Borrelli, jefe de la Protección Civil, quien sostuvo que la cuarentena se levantará al menos hasta el 16 de mayo. Y China, país donde se originó el brote, es uno de los temas centrales en las agendas de los noticieros. “Nos ilusionamos cuando llegó el día de cero contagios allá, esperaron 14 días, abrieron los cines y la gente se volvió a contagiar. Aquí hay mucha incertidumbre”, agregó Nicolás, quien hasta esta semana volvió a entrenar tras varios días de descanso total. “Cuando vimos que esto iba para largo entendimos que tocaba parar. Hasta el lunes empecé a ejercitarme en dos sesiones. Una por la mañana y otra por la tarde. Trato de intercambiarlas: puedo hacer rodillo en una y en la otra actividades de cuerpo libre con elásticos y plataformas inestables, estiramientos y fortalecimiento”.
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El año pasado, el primero como sub-23 en el equipo Colpack de Italia, ganó dos carreras. Este era, para él, el trampolín para estabilizarse y dar el salto al World Tour. Pero ahora todos sus planes cambiaron. “Aquí en Europa se cree, de momento, que se van a poder disputar los últimos dos meses de la temporada, pero ya hay muchos patrocinadores que no están apoyando. Y los equipos dependen de ellos, la parte económica es muy grave. Hay escuadras que ya dijeron que sin patrocinios no pueden pagar y que cuando se retomen las carreras no tendrán dinero para competir. Hay algunos que ya tienen la temporada terminada”.
Días nebulosos para Nicolás, que al mismo tiempo sufre la partida de José Polvo Ramírez, la persona que lo metió en el ciclismo, por un derrame cerebral. Pero vislumbra un futuro mejor, en el que les compita mano a mano a los grandes velocistas de nuestro país: Fernando Gaviria, Álvaro Hodeg y Juan Sebastián Molano. Con Gaviria, de hecho, tiene una cercanía especial.
“Mi mamá vive en La Ceja (Antioquia), justo en la misma unidad donde creció Gaviria. No es que me dé los consejos como los que muestran las películas (risas), pero me dice que me gane el respeto de los demás y que en los embalajes hay que pensar con cabeza fría. Cuando vea un espacio no debo pensarlo dos veces: porque donde cabe el manubrio paso. Es cerrar los ojos y hágale”. Un hueco por donde espera pasar Nicolás una vez pase la pandemia para pegar el salto a la élite del ciclismo mundial.