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Constituyendo una locura

Ernesto Yamhure
10 de junio de 2009 – 09:58 p. m.

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NO RESULTA NOVEDOSO DECIR QUE las minorías políticas han apelado a las más sucias artimañas para atravesársele a la voluntad de quienes han intentado hacer valer sus derechos solicitando la convocatoria de un referendo que busca permitir que el presidente Uribe pueda presentarse a un tercer mandato consecutivo.

Respecto del referendo, hay que hacer respetar el procedimiento y los pasos que deben darse durante su aprobación. En el Congreso, las mayorías uribistas son clarísimas. Estas se aprestaban a conciliar los textos que salieron de la Cámara y el Senado, hasta que surgió un inexplicable temor por cuenta del proceso que la Corte Suprema —esa misma que jamás se ha inmiscuido en asuntos políticos ni electorales— inició contra 86 representantes.

Acobardados y pensando más en el amparo de su sueldo y no de sus ideales, algunos parlamentarios han dicho que no hay “garantías” para votar el proyecto. Su ignorancia es infinita: un congresista en cualquier lugar del planeta no podrá ser judicializado por su voto, salvo que se compruebe la comisión de un delito con ocasión de la emisión del mismo y este no es el caso.

Triste es nuestra realidad. Contamos con un parlamento cuyas mayorías gobiernistas se dejan aturdir por nimiedades. En vez de defender la dignidad que ostentan en virtud de la representación que les ha sido delegada, cual bestias en desbandada salieron a proponer salidas esquizofrénicas para, según ellos, salvar la reelección.

Digámoslo claramente: si el referendo se hunde en cualquiera de las etapas que le faltan por superar, debemos aceptarlo con gallardía, evitando caer en sandeces que indefectiblemente van en detrimento de la estabilidad democrática.

Eso de convocar a una constituyente es una locura. De materializarse, el país estaría embarcándose en una aventura con nefandas consecuencias. Enviaría un mensaje grotesco que pondría al uribismo al mismo nivel de la pandilla que custodia al oscuro régimen de Chávez.

Llamar a una asamblea constituyente para “recoger, barajar y repartir de nuevo”, buscando únicamente la reelección del presidente Uribe sentaría un antecedente peligrosísimo. En adelante, cualquier dificultad sería evacuada a través de un mecanismo similar y así estaríamos confirmando que somos la tropicalísima república bananera de Colombia.

Que los congresistas no se dejen manipular ni mucho menos amedrentar por cuenta del proceso que la Corte Suprema ha iniciado por el voto de 86 colegas suyos. La conciliación aún es posible. Es más, el Gobierno bien podría convocar a sesiones extras para que evacúen el asunto del referendo después del 20 de junio, día en el que culmina la actual legislatura.

Por su parte, el Gobierno debería empezar a aclarar el asunto. La cadena de equivocaciones que ha cometido frente a la reelección es francamente incomprensible. En este y muchos otros temas, el Ministro Valencia, fiel a su particularísimo estilo de comprender y hacer la política, no ha sido más errático porque no ha tenido más tiempo.

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Es hora de integrar un grupo de buenos ciudadanos que defiendan la honra de las Fuerzas Militares. La verdad terminará imponiéndose y aquellos que han amasado monumentales fortunas diciendo en todos los escenarios que el nuestro es un Ejército de asesinos y carniceros, tendrán que tragarse sus palabras y responder judicialmente por el alcance de sus temerarias acusaciones. Así les duela a los mamertos, nuestros soldados, suboficiales y oficiales, son héroes recubiertos de honor.

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