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Nueve mandatarios latinoamericanos llegaron el martes al palacio presidencial de La Moneda, en Santiago de Chile, para discutir la grave crisis por la que atraviesa Bolivia. El primero en arribar fue Fernando Lugo, de Paraguay; luego el boliviano, Evo Morales; seguido por Hugo Chávez, de Venezuela; Álvaro Uribe, de Colombia; Tabaré Vázquez, de Uruguay; Cristina Fernández de Kirchner, de Argentina; y Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil.
Por petición expresa de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, quien convocó la reunión de urgencia el sábado pasado, los mandatarios asistentes se comprometieron a seguir dos reglas en la mesa de discusión: no intervenir en los asuntos internos bolivianos y no mencionar a Estados Unidos.
La idea de la propuesta, según el diario El Mercurio de Chile, era evitar que las diferencias que existen entre varios gobiernos de la región salieran a flote durante las discusiones. Pero, a pesar del cuidado con que Chile planteó el tema, quedó claro que en la región existen dos corrientes: una, liderada por Hugo Chávez y respaldada por Ecuador, Bolivia; y dos, la de Lula da Silva, que es seguida por Colombia y Perú.
La propuesta de la OEA
Durante la reunión todos los presidentes tuvieron la oportunidad de establecer sus posiciones. Se plantearon varias formas de diálogo, incluso enviar mediadores internacionales o fuerzas de paz a la zona del conflicto (la provincia de Pando) pero “sólo en caso de ser necesario”. Sin embargo, la idea que tuvo más apoyo fue la de fortalecer más el papel de la Organización de Estados Americanos (OEA).
El secretario general de la Organización, José Miguel Insulza, aseguró que la crisis en Bolivia amenaza con volverse “irreversible” si no se llega a un acuerdo inmediatamente. Insulza fue el primero en llegar a Santiago para participar en la cumbre de emergencia.
“Es importante que todo el mundo sepa que los organismos internacionales no están en condiciones de intervenir y decir a los países lo que tienen que hacer, la decisión y los acuerdos tienen que ser internos, pero sí pueden manifestar su opinión y dar su respaldo”, dijo Insulza.
El secretario general de la OEA mencionó cuatro puntos fundamentales para que se llegue a un acuerdo en Bolivia: cese de las hostilidades (choques entre opositores y seguidores de Morales); acatamiento de las autoridades legítimas, respeto a la integridad territorial y establecimiento de una mesa de negociación.
El presidente de Bolivia, Evo Morales, agradeció el interés de los mandatarios suramericanos, y destacó que la reunión fue convocada para defender la “unión” y “la democracia” en su país. “Vine acá a la cumbre a explicar a los presidentes de Suramérica sobre un golpe de Estado cívico-prefectural de algunos departamentos en los últimos días”, afirmó.
El mandatario boliviano advirtió que la cumbre marca un hito “muy importante para defender la democracia no solamente en Bolivia, sino también en los distintos países del mundo”.
Cede la tensión
Mientras los mandatarios suramericanos discutían cómo ayudar al Altiplano, el país andino trataba de calmar el clima de tensión entre gobierno y oposición. Aunque la armonía fraterna se ensangrentó varias veces en Bolivia, los más de 30 muertos en recientes choques entre partidarios del gobierno y la oposición constituyen el golpe más duro que sufre Morales en sus casi tres años de gestión.
Ambos sectores están enfrascados desde el sábado en un diálogo que se retomaría hoy en la mañana, justo después del regreso de Morales de Santiago de Chile. El Comité Nacional Democrático (Conalde), conformado por opositores al gobierno dijo el lunes que “de a poco se están levantando 35 puntos de bloqueos que hay en el país”.