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Memoria II

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HABLABA DE HABER SIDO CONcejal de Medellín de 1990 a 1992 y los que ocupaban el Concejo. Sigo en orden: dos conservadores oscuros de los que he olvidado todo.

Pero en el centro de la palestra, al frente de la mesa directiva, estaban los pesos pesados del Concejo: César Pérez García, quien entonces se pavoneaba con sus vestidos de paño inglés por su Universidad Cooperativa, por el Icfes, por el Parlamento Andino —donde había lagarteado la presidencia— y claro, por el Concejo, donde su oficina era la que tenía la fila más larga de postulantes a puestos públicos que él tramitaba alzando un teléfono. Él acabó con mi “carrera política” cuando en el primer debate en el que intervine y ante mi tartamudez citó, como dice la honorable concejal “María Cano”, y así me dejó aludiendo con ironía a esa oradora fascinante de la izquierda de la que soy el anverso. A su lado estaba Bernardo Trujillo Calle, un liberal honrado y coherente que sigue haciendo política en tono menor.

Después había uno que se postulaba como el “representante de la comuna nororiental de Medellín”, pero que dejaba resbalar su carácter de clientelista. Raúl Zapata Walliser, ídem de Trujillo Calle, liberal y tono menor. Seguían los más hábiles, con la palabra y con los resultados políticos, todos de tono conservador: William Yarce, Rodrigo Caycedo (hoy maneja la Concesión de Las Palmas donde tantos derrumbes han ocurrido), Alberto Piedrahíta Muñoz, que era en sus ratos libres mentalista, médium e hipnotizador. Seguían Gabriel Zapata Correa y su suplente Óscar Darío Pérez, ambos eran cuchilla en materia de impuestos y otras yerbas. Alfonso Núñez Lapeira, que hablaba en tono grandilocuente y recordaba todos los puestos que había ocupado en una caja de compensación, era largo en sus exposiciones y difícil de concretar. Terminaba el semicírculo José García Baylleres, que distribuía revistas internacionales en Medellín y tenía un gran apetito político.

Los debates memorables entonces fueron si se hacía un parque o un aeroparque donde ahora queda el Aeropuerto Olaya Herrera en plena ciudad; la perspectiva de todo ese pantanero que rodeaba La Alpujarra y que hoy es el pujante Centro de Convenciones; si se hacían las obras que conectaban en El Poblado las dos transversales (que no se aprobaron porque eran por valorización y eso a “los pudientes” no les gusta). El alcalde era Ómar Flórez y existía un personaje que iba a muchos debates y que entonces era sólo un boceto del Zar en el que se ha convertido: Gilberto Toro, que manejaba la Federación de Municipios pero que era entonces una entelequia y ahora ha llegado a ser todo un contrapoder de las ciudades. Óscar Darío Pérez y Gabriel Zapata son sin duda, junto con José Roberto Arango, César Pérez García, hoy en una tibia condena de la casa por cárcel a quien su prontuario lo hizo ser expulsado del Partido Liberal (que no echa a nadie nunca), los que le han dado toda la vuelta a la política colombiana para ser lo que hoy es, una olla de grillos.

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