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“En mis 70 años de vida nunca había visto una sequía tan bestial”. Estas palabras son de don Alirio Andrade, un campesino de la vereda El Dorado, de Planadas (Tolima), quien con una marcada tristeza cuenta que hace más de tres meses no llueve y el intenso calor le estropeó los 22 mil palos de café que sembró.
Como cada cosecha, don Alirio esperaba esta con alegría y la esperanza de que una vez más fuera próspera, pero el verano arrasó con todo. Los cafetales se ven resecos, los granos renegridos, tostados e infestados de broca, palomilla y comején. El campesino manifiesta que lo único que le quedó fueron deudas: una de $9 millones con el banco y otra con el tendero que le fía la remesa cada mes.
Mientras se quita el sombrero y pasa sus manos sobre su cabeza ya cana, con voz entrecortada pregunta: “¿Ahora qué voy a hacer, cómo le voy a dar de comer a mi familia? Porque hasta mis cultivos de yuca, plátano y aguacate, que eran para el consumo propio, se malograron. No quedó nada”. Agrega que el estado de las matas es tan grave que no hay forma de sembrar otra vez, ni de fertilizar, ni de zoquear.
El intenso calor secó al menos el 70 % de las 14 mil hectáreas sembradas en Planadas, que en promedio produce 11 millones y medio de kilos de café pergamino y 4 millones de kilos de café de alta calidad al año.
El sufrimiento de don Alirio Andrade y de Planadas es el reflejo de 25 mil familias, de las 61 mil que viven del café en el departamento. La mayor crisis toca también a Rioblanco, Rovira, Ataco, Alpujarra, Chaparral y Villarrica, en el sur. Además están afectados en menor proporción, Líbano y Fresno, en el norte, según Luis Javier Trujillo, representante de los caficultores del Tolima en el comité directivo y nacional de la Federación de Cafeteros.
El dirigente confirma que hay daños de cultivos en levante y en producción y, alerta que la situación compromete la cosecha 2015-2016. Un déficit continuo de agua reduce la producción y el porcentaje de granos plenamente desarrollados, reduce la calidad del café y afecta el precio promedio recibido por el caficultor.
“Aunque llueva en los próximos dos meses, son pocas las posibilidades de recuperación, por lo que no habrá cosecha durante el primer trimestre del 2016. Si no llueve, el futuro será más complejo, pues las dificultades se extenderían al otro semestre”, dice Trujillo. Asegura que hay angustia porque no podrán cumplir con compromisos de exportación ya adquiridos con Japón, Estados Unidos y Europa.
Por estas razones, en representación del gremio tolimense, tercer productor de café en Colombia, con 118 mil hectáreas sembradas y un aporte del 12,53 % a la producción nacional, propone que les den asistencia en la comercialización de granos brocados y averanados, les amplíen el plazo y reestructuren las obligaciones vencidas y por vencer, tanto con el Banco Agrario como con la banca comercial, dado que no podrán pagar las deudas.
El cafetero Hoover Mora dice que en el sector, el campesino es quien más sufre porque por las pérdidas deja de percibir su sustento, en cambio quienes están en la administración no dejan de recibir su sueldo. Por eso, la propuesta desde cada finca es que el Gobierno Nacional compre la cartera actual, pero no solo de los que están atrasados, sino de quienes están al día.
También plantean que haya medidas de fondo por parte de la administración federativa y de la administración nacional, como sería declarar como política pública el manejo de fertilizantes, para que sea más asequible a sus bolsillos. Actualmente cuestan $92.000.
Esta semana, técnicos del Centro Nacional de Investigaciones de Café (Cenicafé) comenzarán una investigación en el Tolima para cuantificar la real afectación. Los resultados serán presentados durante el Congreso Nacional Cafetero a principios de noviembre.
Con la crisis cafetera, otros sectores de la economía comienzan a perjudicarse, como el transporte, la mano de obra y el empleo. En medio del desolador panorama, las familias esperan que el verano cese y que sus peticiones sean tenidas en cuenta para que su padecimiento termine y el campo recupere el rojo y verde de sus cafetales.