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LOS PAYANESES ANDAN ENVIDIOSOS con Uribe. Y no por cosas distintas a las cifras históricas: como saben, el Cauca ha sacado pecho por siglos proclamándose tierra de presidentes.
Once mandatarios de 84 es una cifra sólo superada por los oriundos de Bogotá que son 19. Le siguen Antioquia 8, Boyacá 8, Tolima 8 y Cundinamarca 7. O sea, que el centro del país lleva la delantera con 34 (Bogotá, Cundinamarca y Boyacá).
Pero volviendo al Cauca, sucede que el legendario Tomás Cipriano de Mosquera, de quien dicen que fue Presidente cuatro veces y una más como encargado estuvo en tiempo real siete años y dos meses, superado sólo por el general Santander: 12 años y cinco meses. Empero Uribe Vélez, con sólo dos períodos presidenciales —y la noche que llega— pronto sobrepasará al mal llamado Mascachochas pues ya anda bordeando los siete años y en breve aventajará en tiempo de gobernante al caudillo payanés.
Sin embargo, y para tranquilidad de los antiuribistas, ni con el tercer período de Uribe, éste podría ganarle a Santander, pues por bien que le vaya no llegará a los 149 meses del ‘Hombre de las Leyes’ frente al poder, resignándose a un segundo puesto sobre el particular en la historia de este país.
Por otra parte, al Valle del Cauca le ha ido regularongo en materia de presidentes; tan sólo cuatro, superado por los enumerados anteriormente y por el Tolima con ocho y Antioquia con ocho, cifra que seguramente aumentará en el próximo cuatrienio a nueve con o sin Uribe.
Parece mentiras, pero Colombia ostenta tres presidentes oriundos de Panamá por encima de otras regiones del país.
Dejar atrás a Mosquera y ya no por períodos sino por tiempo es una reflexión que da para un análisis más profundo, comparativo si se quiere, en torno a estos dos personajes parecidos y distintos entre sí, tema que lo dejamos a manera de pulga en la oreja de los historiadores.
Entre tanto, valga la oportunidad de resaltar la fuente de este divertimento: Ignacio Arizmendi Posada, de la saga de estos periodistas antioqueños y quien se ha especializado entre muchas otras cosas, en escudriñar obsesivamente la vida de nuestros presidentes, constituyéndose sus estudios y análisis en referencias obligadas cuando de estos menesteres se trata.