Tres cartas de los lectores

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Sobre una columna

En su columna del día 27 de enero del 2018, denominada “Claudia y Él”, el señor Julio César Londoño escribió el siguiente párrafo:

“Uribe es tan narciso y autista, tan místico y workohólico, tan convencido de que sin él no hay salvación, que no puedo imaginarlo librando batallas de alcoba de ningún tipo, ni amorosas ni violentas”.

Teniendo en cuenta la naturaleza del escrito, pienso que el autismo no se debe utilizar como definición de una persona que claramente no tiene la condición. Autismo no es un adjetivo, ni debe ser usado como tal. Mi hija de ocho años es autista y me parece una falta de respeto para con las personas que padecen la condición que esto se utilice para ofender o definir la personalidad de alguien. Es algo serio y debe tratarse como tal. Un columnista no debe utilizar la condición de una población vulnerable para definir sus personajes. Es simplemente cruel y desafortunado.

Elías David.

Atentados y asesinatos

No hay palabras para lamentar suficientemente los atentados contra la Policía en Barranquilla y en otras ciudades de la región Caribe, como tampoco para lamentar el asesinato continuo, “no sistémico”, según el señor ministro de Defensa, de líderes sociales. No sobra anotar que, así como tantos ciudadanos lloran y lamentan la muerte de los policías en Barranquilla, asimismo deberían prometerse no agredir a los agentes que responden por la convivencia en los barrios de esa ciudad. Ojalá este horrible atentado sirva para arrepentirse de todas las ofensas que en esa ciudad se dirigen contra la Policía.

M. Cristina Quiroga. Cali.

Golpe a la felicidad

Seis y cuarenta de la mañana, 27 de enero. Las brisas de la querida Barranquilla se desplazaban de un lado para otro, no anunciando en su recorrido los ritmos musicales de los carnavales, sino hechos tristes y lamentables nunca vistos en esta urbe; toda la ciudad estaba tranquila, levantándose con amor e interés a cumplir con sus labores.

Los enemigos de la paz habían hecho estallar dos bombas en la estación de Policía del barrio San José, donde a esa hora se encontraban más de 50 agentes recibiendo las instrucciones de patrullaje del día. Esos agentes de policía que día a día salen de sus viviendas a cumplir con su deber de brindarnos seguridad, encargados de proteger a la comunidad, que lo hacen con empeño, dedicación y amor, fueron víctimas del más cruel y vil asesinato. Cinco de ellos cayeron destrozados por las ondas explosivas.

Un acto que todo el pueblo barranquillero y Colombia deben rechazar y unirnos alrededor de la Policía Nacional, apoyándola y brindándole colaboración. Ha sido en la Arenosa algo que se debe repudiar y refutar, como ciudadanos de paz y serenidad de esta ciudad de reposo, jubilo, algazara y felicidad.

A los violentos inhumanos, que les caiga todo el peso de la ley. Si creen que con la violencia van a conseguir sus propósitos, están equivocados, porque “un pueblo unido jamás será vencido”. Ese debe ser el común denominador del pueblo colombiano.

Anuar Cortázar Cáez.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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