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Reelección: ¿modelo venezolano o ruso?

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MUCHOS DAN POR DESCONTADO que el presidente Uribe busca reelegirse siguiendo el modelo venezolano de democracia plebiscitaria. Pocos creen en su tesis de que lo que busca es reelegir la seguridad democrática. La explicación es obvia: si está impulsando la aprobación del referendo reeleccionista, es porque es reeleccionista.

Pero el referendo puede ser un medio, no para la propia reelección de Uribe, sino para mantener el poder por interpuesta persona, imitando el modelo ruso de Vladimir Putin. ¿Por qué entonces está dedicado al referendo, y no a imponer un sucesor? Porque el referendo es un instrumento vital para que Uribe pueda consolidar su poder, pues hoy no tiene la capacidad de imponer un sucesor. Por la sencilla razón de que durante seis años, la estrategia fue mantener divididas sus huestes parlamentarias, en la lógica de dividir para reinar. Y ese modelo no sólo impide que haya un candidato uribista de unidad, sino que limita su control directo sobre la coalición.

La coalición de gobierno está compuesta por cuatro partes. Uribe controla tres: el partido de la U, el Partido Conservador y los partidos pequeños como Convergencia Democrática y Alas Equipo Colombia. Pero no controla a Cambio Radical completamente. En el caso de que quisiera imponer un candidato propio al estilo Medvedev, como Andrés Felipe Arias, correría el riesgo de que Germán Vargas Lleras dividiera al uribismo, permitiendo que un candidato de centro como Sergio Fajardo o Rafael Pardo terminara imponiéndose, o que lo superara atrayendo a las mayorías liberales que preferirían un liberal uribista sobre un conservador dogmático como Arias.

Cañando con el referendo Uribe gana tiempo y mantiene la fuerza política suficiente para cambiar el modelo de coalición multipartidista por uno de partido único, a través de la reforma política. Esta prevé que los parlamentarios puedan cambiar de partido por una sola vez, sin incurrir en doble militancia. Con la “amenaza” de mantenerse en el poder, Uribe puede sonsacar un buen número de congresistas de Cambio Radical e intentar conseguir liberales riveristas, aglutinándolos en el partido de la U junto con los miembros de los partidos pequeños. De lograrlo, no sólo habría garantizado debilitar a los dos únicos dirigentes capaces de derrotar a su sucesor por vía de una coalición, César Gaviria y Germán Vargas, sino que habría consolidado un partido hegemónico con el cual mandar férreamente sobre un gobierno heredero.

La estrategia de Putin fue refrendar su poderío político en las elecciones parlamentarias con su partido Rusia Unida antes de imponer un sucesor, porque las hegemonías “legítimas” no se imponen con encuestas sino con votos. Avanzar con el referendo para finalmente “renunciar” a un tercer periodo por voluntad propia, sería otro golpe maestro de opinión de Uribe, para deshacer la peligrosa tempestad política que se viene generando con los escándalos y los excesos autocráticos. Así no sólo aseguraría el crítico apoyo del empresariado y los Estados Unidos, sino que dejaría sin estrategia, en el último minuto, a sus opositores.

La pregunta es si es más democrático el sibilino modelo ruso, que el tropical modelo venezolano. ¿El modelo de partido hegemónico es en realidad diferente del modelo caudillista?

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