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Estamos de acuerdo en que toda empresa privada, a la vez de garantizar la subsistencia y prosperidad de sus propietarios o accionistas, debe generar el flujo de fondos necesario para la supervivencia y el crecimiento organizacional que repercuta en la disponibilidad de mayores recursos para el aumento de la cobertura, modernización y mejoramiento de la calidad de la educación, así como de los servicios complementarios y de agregación de valor que son necesarios para el suministro de la labor académica.
Lo que no resulta aceptable es que para la prestación de tales servicios se estén conformando unas Unidades Estratégicas de Negocio (UEN, al mejor estilo del argot estratégico), cuyos lineamientos administrativos parecen mas enfocados a llenar las arcas financieras de los colegios que a garantizar una integralidad social, en consistencia con los propósitos formativos de nuestra realidad nacional:
UEN de alimentación, UEN de transporte, UEN de vestuario y uniformes, UEN de eventos, UEN de útiles y artículos escolares… ¡Todo se convirtió en oportunidades de diversificación de la oferta de negocios!
Bien sea mediante tercerización, externalización o montaje propio, estas UEN deben retornar altas utilidades y para ello se legitiman todas las estrategias que garantizan que el padre de familia adquiera los encarecidos productos y servicios exclusivamente a través del colegio. Los objetivos educativos se desvirtúan para convertirse en imperativos aspiracionales que obligan e inducen al gasto de los padres, para que sus hijos no sufran discriminaciones que pueden resultar más graves que las sanciones formales que en muchos casos decreta la institución (en estos días, escuchamos con asombro cómo los alumnos que no compran el almuerzo en el restaurante de un colegio deben comer apartados de sus grupos de compañeros).
Pero quizás el tema más sensible es el de los útiles: es increíble la cantidad de textos y libros que se solicitan, cuyos costos en los colegios que los expenden crecen de forma exponencial, superando anualmente el precio de sus matrículas. Está claro que para emular una educación internacional deben existir textos foráneos, pero lo que no resulta comprensible es por qué su utilización durante el año lectivo no supera la mitad de su contenido, y se vuelve obsoleto para el siguiente, más aún cuando muchos son diseñados para escribir en ellos, agravando el desperdicio e imposibilitando que sean heredados o utilizados por otros… ¡útiles inútiles!
*MBA DBA, consultor internacional. Máster en Gestión de Empresas de la Universidad Ramón Llull de Barcelona.