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Por: Gustavo Morales Cobo*
La pandemia del COVID-19 ha sido aprovechada por algunos sectores para plantear la supuesta necesidad de reformar completamente la arquitectura de nuestro sistema de salud. Pasan de una premisa cierta: “el coronavirus genera una fuerte presión sobre el sistema de salud”, a una conclusión radical: “por lo tanto, hay que cambiar todo el sistema de salud”.
Esta propuesta puede sonar seductora para quienes ignoran la historia del sistema de salud colombiano que, tiempo atrás, beneficiaba a una pequeña parte de la población y se concentraba en unas pocas regiones. Hay debates que, dados con responsabilidad, fortalecen el sistema, mientras que hay otros que solo fortalecen egos e ideologías
Hoy, gracias a una fórmula de colaboración público-privada de la que hemos aprendido muchísimo, casi toda la población cuenta con cobertura en salud incluso en las regiones más apartadas. Y esto no quiere decir que el sistema sea armónico y no le falten problemas, pero en momentos críticos como el actual las propuestas vociferantes de echar todo lo alcanzado por la borda para enfrentar un futuro incierto carecen de sentido y racionalidad. Necesitamos mejorar, sí, pero a partir de lo decantado en años de aprendizaje social y de lo madurado a golpes por cuenta de esta emergencia. Sin duda hay debates por dar, pero la realidad de nuestro país y de la crisis nos obliga a ser pertinentes y responsables.
Por ejemplo, sabemos que aún subsisten problemas que tienen que ver más con la aplicación, implementación y cumplimiento de las normas, que con fallas en el diseño legal. De hecho, el grueso de los problemas que el COVID-19 ha puesto de presente no están relacionados con el diseño institucional originado en la Ley 100 de 1993, reformado múltiples veces, sino con rasgos estructurales de nuestra institucionalidad. Ningún artículo de esta Ley prohíbe que haya UCI en un hospital público de Tumaco, pero los problemas de gerencia y de administración pública que sufrimos en muchos lugares del país empobrecen la atención más allá de la buena voluntad de cualquier marco jurídico.
También es cierto que muchos de nuestros trabajadores de la salud sufren de precariedad laboral. Y este sí que es un debate pendiente en el país y que exige el aporte de todos los estamentos. Por eso, desde las EPS agremiadas en ACEMI hemos defendido —y seguiremos defendiendo— la formalización laboral de todos los trabajadores de la salud, sin excepciones.
Al día de hoy, el sistema de salud colombiano ha respondido con una enorme capacidad de resiliencia al impacto de esta crisis. Es de conocimiento público la triste realidad que atraviesan otros países del mundo con sistemas de salud que, paradójicamente, muchos de los más acérrimos críticos de nuestro sistema nos han puesto en el pasado como ejemplo a seguir.
Lo cierto es que gracias a la flexibilidad propia del sector privado, las EPS en Colombia han logrado en muy pocas semanas adaptarse a una situación inédita para todo el planeta. Nunca habíamos tenido a millones de usuarios del sistema de salud confinados, muchos de ellos en situación de particular vulnerabilidad frente al virus, como los adultos mayores, los enfermos crónicos y las madres gestantes. Y por esto nos tocó reinventarnos. La mejor muestra de ello es el compromiso colectivo que las EPS de ACEMI hemos denominado Prioridad Mayor, un plan con el que hemos incrementado en un 450 % las atenciones domiciliarias, en un 2.500 % las consultas de telemedicina y en un 43.000 % las entregas domiciliarias de medicamentos, en comparación con un mes típico de la era anterior a la pandemia.
Al tiempo, sin que aún hayan llegado los tan anunciados recursos del Acuerdo de Punto Final, las EPS de ACEMI han girado a la red prestadora más de 7,1 billones de pesos en los primeros cuatro meses de este año, recursos que evidentemente permiten el fortalecimiento del sistema justo cuando más se necesita.
Tenemos mucho por mejorar, pero esto exige una visión seria y racional. Y, sobre todo, un enorme sentido de responsabilidad por parte de todos los actores. Desde los prestadores hasta los usuarios. En ACEMI somos muy reflexivos y exigentes con lo que hacemos y sabemos que este momento pide lo mejor de nuestras EPS. Esa es nuestra prioridad mayor.
* Presidente ejecutivo de ACEMI.