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“Tras el COVID-19, la educación nunca será la misma”

En la Universidad del Rosario tomamos la decisión de mantener las clases por modalidad de acceso remoto durante el presente periodo académico; es decir, todo este primer semestre. Así contribuimos a la seguridad de nuestra comunidad y de la sociedad colombiana. Estamos seguros de que el desafío es pedagógico y no tecnológico. Por esto, el uso y la apropiación de la tecnología se pueden incorporar a las clases, pero desde la perspectiva educativa existen múltiples retos, en la medida en que las clases por acceso remoto nunca podrán tener la misma estrategia que las presenciales.

 “Pudimos dar respuesta rápida a la emergencia debido a las inversiones en tecnología”, dice el rector del Rosario, Alejandro Cheyne. / Cortesía
“Pudimos dar respuesta rápida a la emergencia debido a las inversiones en tecnología”, dice el rector del Rosario, Alejandro Cheyne. / Cortesía

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¿Cómo le parece la decisión del Gobierno de extender la medida obligatoria de dictar, hasta el 30 de mayo, clases solo de manera remota y la posible afectación de la calidad de la educación universitaria?En la Universidad del Rosario tomamos la decisión de mantener las clases por modalidad de acceso remoto durante el presente periodo académico; es decir, todo este primer semestre. Así contribuimos a la seguridad de nuestra comunidad y de la sociedad colombiana. Estamos seguros de que el desafío es pedagógico y no tecnológico. Por esto, el uso y la apropiación de la tecnología se pueden incorporar a las clases, pero desde la perspectiva educativa existen múltiples retos, en la medida en que las clases por acceso remoto nunca podrán tener la misma estrategia que las presenciales.

¿Por qué?Entre los riesgos de esta transformación acelerada hay dos que impactan directamente a los jóvenes. El primero es el sentimiento de soledad, ya que se encuentran aislados durante la cuarentena, lo cual tiene un impacto importante en sus emociones y en su proceso de aprendizaje. Un segundo riesgo es el proceso de evaluación. Entendemos que las evaluaciones constituyen una posibilidad de aprendizaje para los alumnos, más que una forma de medirlos o juzgarlos. Por esto, las mantenemos con un llamado a nuestros docentes para que puedan ser aprovechadas para identificar las brechas entre los objetivos de aprendizaje y la realidad de los estudiantes, acorde con su contexto y sus talentos.

Difícil poder calificar, de esa manera con plena objetividad ¿No hay otra forma de medición que se pueda considerar?

Si la evaluación es un medio para el aprendizaje, como dije, lo que se debe hacer es fortalecerla y flexibilizarla acorde con el acceso remoto, pero nunca eliminarla.

Según dijo la ministra de Educación, 160 centros universitarios han acatado la medida sobre clases remotas, pero es evidente que, aparte del grupo de las universidades más prestigiosas, la mayoría no estarían preparadas para este reto. ¿Cómo ha sido la experiencia del Rosario en la cuarentena educativa? Este desafío se presentó en pocas semanas, lo cual nos obligó, ante la velocidad de la emergencia, a realizar la transformación sin posibilidad de llevar a cabo una prueba piloto. Empezamos a ofrecer el proceso de enseñanza y aprendizaje en una semana, muy exitosamente, por fortuna. Solo para dimensionar el tamaño del desafío, en esa primera semana se impartieron más de 15.000 clases con más de 167.000 asistentes para atender a 12.500 estudiantes de todos nuestros programas.

Pudimos dar respuesta rápida a la emergencia gracias a las inversiones en tecnología realizadas durante los últimos seis años (por más de $66.000 millones), a la buena disposición de los docentes y estudiantes por mantener el proceso de aprender a aprender, y a nuestro proyecto estratégico al año 2025: Revolución Digital.

¿Cree que, como efecto colateral de la medida de aislamiento, se ahondará más la brecha entre la calidad del proceso educativo de las universidades prestigiosas y la de la mayoría de centros universitarios del país?Desafortunadamente en Colombia la educación superior pareciera tener diferentes velocidades y capacidades de respuesta a las necesidades de los jóvenes. La crisis originada por esta pandemia ha puesto a prueba la realidad de cada institución de educación superior, tanto en su modelo pedagógico como en su disponibilidad de recursos financieros y de talento humano. La única salida para enfrentar este desafío es evitar la tentación del “sálvese quien pueda”. El camino es una mayor colaboración entre las universidades y los actores que intervienen en el proceso educativo: las empresas, el Gobierno, los empleadores, las familias y, muy especialmente, los jóvenes.

En cuanto a la experiencia particular del Rosario, esta emergencia sanitaria y el confinamiento, ¿se alteró el número de matriculados, cuerpo de profesores y resto de la comunidad universitaria? ¿Ha habido deserciones?Seguramente la caída en los ingresos de las familias, con un desempleo creciente, afectará la posibilidad de enviar a sus hijos a estudiar, sumado a los problemas cotidianos del estudiante en su proceso de aprendizaje y a múltiples factores muy particulares del proyecto de vida de los jóvenes. En nuestra universidad la deserción es, en promedio, del 27 %; muy inferior al promedio nacional, que ronda el 50 % en educación superior. Pero, ante esta nueva realidad, estamos buscando estrategias innovadoras de financiación para aliviar la presión económica de las familias y brindar un mayor acompañamiento psicopedagógico a los jóvenes.

Grupos de estudiantes han reclamado por la supuesta baja calidad de las clases y la falta de equilibrio en las herramientas tecnológicas de que disponen. Probablemente, no son problemas para la comunidad rosarista, pero ¿la rectoría ha recibido este u otro tipo de quejas? Sin duda, el acceso a la tecnología no es el mismo para todos los jóvenes en nuestro país, pero, tal vez, lo más complejo es que exista una diferencia en la capacidad de uso y apropiación de esta, que no les permita a los jóvenes maximizar sus talentos. Lo que no puede pasar en Colombia es que eso se convierta en un factor adicional para profundizar la desigualdad en los jóvenes. Por tal motivo, desde la universidad trabajamos para solucionar los problemas de nuestra comunidad y para hacer que la experiencia de acceso remoto sea idónea para todos los estudiantes.

En la misma línea, ¿qué opina del caso planteado por estudiantes de una universidad pública muy prestigiosa que piden suspensión del semestre, porque “aprender se ha vuelto una tarea titánica” por la supuesta falta de adaptación del método de enseñanza y por la inequidad en las calificaciones y acceso a clases?La crisis producida por el COVID-19 ha afectado a todas las instituciones de educación superior y, por supuesto, a los jóvenes, quienes están expresando lo que piensan y lo que sienten en este momento, lo cual debe ser motivo de máxima atención y comprensión. Sin embargo, en una medición de impacto realizada por nosotros para conocer los resultados del acceso remoto, los profesores contestaron que sienten a sus estudiantes más atentos y entusiasmados en las clases, y que perciben, además, que los resultados en el aprendizaje son superiores a lo que ellos esperaban. Cuando les preguntamos a los alumnos por esta nueva experiencia, contestaron que las clases son más dinámicas y que observan a sus compañeros más comprometidos.

El semestre entrante, ¿el Rosario mantendrá las clases remotas y continuará con las presenciales en forma simultánea? ¿A cuál de los dos métodos le dará prelación?Después del COVID-19, la educación nunca volverá a ser la misma. Sin duda, los aprendizajes acelerados durante las últimas semanas representan una oportunidad extraordinaria no solo para definir la combinación óptima entre la virtualidad y las clases presenciales en los procesos de enseñanza y aprendizaje, sino para repensar la misión de la universidad en la sociedad, su modelo educativo y su compromiso con la innovación pedagógica.

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