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Las universidades deben prepararse para una posible caída en la tasa de personas matriculadas el próximo semestre debido a la crisis generada por el COVID-19 y buscar alternativas ante la constante petición de los estudiantes de reducir el valor a pagar para el próximo semestre e incluso la devolución de un porcentaje pagado para el primer semestre de este año.
Sin embargo, este problema, aunque podría intensificarse, no es nuevo, ya que desde finales de 2017 el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES) ha venido prestándole mayor atención al comportamiento de las matrículas en las instituciones de educación superior, encontrando que las universidades dejaron de recibir, en 2018, 1,5 % de estudiantes nuevos. Las cifras de 2019 aún no han sido publicadas, lo que representa 38 mil estudiantes menos matriculados. Curiosamente, casi la misma cantidad de personas que dejaron de percibir los beneficios de Ser Pilo Paga, que en su momento de mayor impacto alcanzó la suma de 35 mil estudiantes beneficiados.
Proyectos como este fueron terminados por considerarse que su cobertura no era tan amplia y porque beneficiaba principalmente a las universidades privadas y a una población minoritaria de personas que obtuvieron buenos resultados en las pruebas Saber 11. Como resultado, si se impulsaba la educación pública con los recursos destinados a Ser Pilo Paga, se beneficiaría de mejor manera a los jóvenes de escasos recursos en edad de ingresar a la universidad.
No obstante -y con pleno conocimiento del Ministerio de Educación de la disminución de las matrículas en las universidades desde 2018-, se implementó este mismo año el proyecto denominado Generación E, bajo un enfoque de aumento de cobertura de educación superior pública a nivel nacional, sin embargo, no ha logrado demostrar buenos resultados desde su puesta en marcha, al no existir procesos claros y unificados de admisión en las universidades públicas y de acceso a sus beneficios para sus principales usuarios, por lo que las cifras de matriculados en vez de aumentar han ido disminuyendo; por ejemplo, para 2019, Generación E solamente alcanzó a beneficiar una cifra inferior a los 3.000 nuevos estudiantes.
Sumado a lo anterior, al incentivarse el mayor acceso a la educación pública no se mantuvieron los beneficios que se les daban a las universidades privadas, por lo que estas últimas han ido abandonando una a una su participación en este tipo de iniciativas, quedando a merced de lo que sus procesos de mercadeo lograsen captar en nuevos estudiantes, sin que se vean en el corto plazo planes de acción desde el Ministerio de Educación para mejorar los indicadores de admisión de estudiantes para formación de educación superior en instituciones públicas y privadas.
Así las cosas, para nadie es un secreto que las instituciones de educación superior privadas han tenido que armar sendos planes de mercadeo que van desde descuentos de matrícula generalizados, descuentos por estratos, descuentos por referidos, becas de toda índole, convenios interinstitucionales y comerciales para la captación de estudiantes, hasta regalos de tabletas y celulares para cumplir con sus metas de matrículas semestrales, cosa que no pueden hacer las universidades públicas, sin que esto represente para la institución la seguridad de permanencia en el corto y largo plazo de los estudiantes. Por el contrario, la tendencia de deserción en las universidades seguirá en aumento.
¿Qué planes pueden realizar las instituciones privadas para captar más estudiantes?
Oferta académica diferenciada: las universidades deberán empezar a ofrecerle al público una oferta que se adapte a todas sus necesidades, que sea flexible y soportada en plataformas digitales, virtuales y nuevas tecnológicas que le permitan al usuario una interacción con diferentes metodologías de aprendizaje. Ya la clase magistral en un aula está mandada a recoger.
Segmentación del servicio
Además de la oferta académica tradicional, las universidades deberán soportarse en programas de educación para el trabajo, es decir, en la formación de técnicos laborales en programas cuya absorción laboral sea inmediata.
Asimismo, deberán incentivar la creación de programas técnicos profesionales y tecnológicos, en los que ya no solo se obtengan conocimientos del saber hacer, sino también sobre competencias especializadas que demandan las empresas hoy en día.
En tercer lugar, la formación continuada deberá ser la amalgama o proceso que permita tener un flujo constante de estudiantes en las universidades por sus cursos cortos y actualizados.
Credenciales
Las credenciales de conocimientos adquiridos y las insignias ya son una realidad en el mundo educativo; demuestran que su poseedor tiene una habilidad en concreto, luego estas distinciones y reconocimientos deberán estar en las ofertas de las universidades. Además, permiten a los empleadores conocer de mejor manera los perfiles profesionales y laborales de sus futuros empleados.
Formación de competencias blandas
Cada día más empleadores valoran dentro de las hojas de vida de sus empleados aptitudes laborales previamente reconocidas, por consiguiente, es una obligación para las universidades orientar a sus estudiantes para que desarrollen sus mejores potenciales.
Todas estas estrategias requieren preparación y tiempo y, ante todo, que las IES se flexibilicen para poder atraer y contener nuevos usuarios.
* Abogado en educación superior.