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Sentencias

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Están de moda las sentencias en el fútbol profesional. Para comenzar, las sentencias disciplinarias, esta semana, traen su cola, porque en el caso de Carmelo Valencia, ya se había sentado jurisprudencia con ‘El Piojo’ Acuña, del Júnior, en un partido contra el América, y en ese entonces fue sancionado por simulación o engaño. Hubo protestas, reclamos, aunque el asunto quedó definido y no hay más que hablar.

En cuanto a Agustín Julio, de Santa Fe, quien fue expulsado injustamente, de oficio la Dimayor tomó la determinación de levantarle la tarjeta roja, lo cual alivió las críticas, pero abrió espacio en un futuro a hechos parecidos. Fue evidente que el testimonio visual de la televisión, que se admite solamente para discusiones disciplinarias, se tuvo en cuenta. Habrá reparos, porque siempre se aseguró respetar las acciones de los árbitros.

Lo que viene va a tener que ser manejado con pinzas, porque más de uno reclamará, y con video en mano, la proliferación de tarjetas amarillas y rojas. Es decir, se aumentó el caudal de responsabilidad para la Comisión Disciplinaria y las planillas de los jueces, con sus informes, entrarán al campo de la investigación.

De hecho, lo positivo del fallo fue ajustar en lo posible el mal comportamiento de jugadores acostumbrados al engaño y de paso invitar a los árbitros a ir dejando de lado la excusa de la apreciación y más bien atender con sus auxiliares la aplicación real del reglamento.

Pasaron muchos años para que los equipos colombianos quedaran por fuera del grupo de 16 que disputarán la segunda ronda de la Copa Libertadores. La esperanza, remota, que tenía el Chicó de avanzar, se esfumó no por culpa del Gremio, el mejor equipo en este momento. Ni por el Aurora de Bolivia, incapaz de dar una manito a los dirigidos por Alberto Gamero. Chicó, como América y Medellín, se quedó por su propia culpa y de paso demostró el nivel pobre de la actualidad de nuestro fútbol, que apenas sirve para entretener en el campeonato local.

El consuelo es la presencia de algunos jugadores colombianos en la fiesta que se avecina. Vargas, Marín, Armero, Arzuaga, Patiño, Tressor y los del Caracas y quizás Edixon Perea, lesionado y quien hace parte del plantel de Gremio, permitirán continuar con el interés en el desarrollo de las finales.

La eliminación de Millos, Nacional y Medellín es una voz de alerta para esas instituciones. No pueden seguir aferrados a los logros del pasado, sino que deben revisar sus planes de inversión en planteles serios. Y no dejar que tanto personaje extraño meta la mano a los equipos. La voz principal debe ser del director técnico, que siempre arranca de cero, aunque tiene la facultad de elegir a los jugadores para que coordinen con su pensamiento táctico. Dejar en manos de los dirigentes la sola escogencia, es volver a las mismas y sin resultados.

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