

Comprar vivienda puede ser una meta de ahorro, una opción de inversión o un sueño que, en la juventud, a veces parece imposible. En realidad, hay diferentes formas de lograrlo, y, por supuesto, el ahorro es la estrategia fundamental en esta historia.
Según Daniel Vásquez, director de Vivienda del gremio Asobancaria, el primer paso, antes de decidirse por el inmueble que se convertirá en su residencia, es tener claro el tipo de vivienda que necesita, lo cual depende de si vive solo o si tiene pareja e hijos. Estos factores pueden ser determinantes a la hora de escoger el tamaño del inmueble y la ubicación, ya que es ideal que quede lo más cerca posible al colegio o a lugares de esparcimiento.
Ahora bien, ¿cuánto debería costar o cómo se podría financiar? Sobre todo para los más jóvenes, reunir con ahorros el capital suficiente para comprar una casa o un apartamento puede parecer un camino eterno y exige guardar una porción de ingresos inusualmente alta, por algún tiempo. El llamado a la calma que hacen los expertos es que el ahorro es una pieza clave, pero no necesariamente la única.
Si suponemos que la vivienda que quiere adquirir tiene un valor de 200 millones de pesos, lo recomendable es contar mínimo con 60 millones, es decir, el 30%, una meta más alcanzable, si de ahorro se trata. Clara Inés Guzmán, líder de Bienestar Financiero de la firma especializada en planeación financiera Old Mutual, da algunas pautas para alcanzar ese monto.
Según ella, si se toma como ejemplo a un joven –que quizá vive con sus padres, no tiene hijos ni ninguna responsabilidad que demande muchos gastos–, debería ahorrar mínimo un 30% de su ingreso mensual. Por supuesto, completar esa cantidad de dinero puede ser más difícil de acuerdo con los compromisos de cada persona, pero guardar alrededor del 10% del ingreso mensual estará aún dentro del rango recomendable.
Para obtener el 70% restante, es posible acudir a los bancos. A la hora de definir si está en capacidad de endeudarse, la cuota del crédito no debería superar, de nuevo, el 30% de sus ingresos. Vásquez propone hacer el ejercicio “al revés”: no preguntarle a la entidad financiera cuánto podría prestarle, sino cuánto le prestaría para que le quede una cuota acorde con su capacidad de pago mensual. Es decir, que si gana dos millones al mes, la obligación no supere los 600 mil pesos.
La otra opción es el leasing, con el cual el banco financia el 80% del inmueble. Se trata de una especie de arriendo a la entidad bancaria: al final del plazo pactado, con esa cuota, usted habrá pagado su vivienda. En este caso, el banco es el dueño de la casa o del apartamento, y la persona, como arrendataria, paga cuotas con mejores tasas que las de un crédito hipotecario, ya que, según explica Vásquez, el riesgo para la entidad financiera es menor por ser, de entrada, el propietario.
En esta discusión, no hay que olvidar las múltiples opciones que ha generado el gobierno para que los hogares, sobre todo los de ingresos bajos y medios, puedan acceder a una vivienda propia. Existen programas como ‘Mi casa ya’, dirigido a familias que no la tienen y que ganan hasta cuatro salarios mínimos. Consiste en un subsidio para que puedan completar la cuota inicial y otro a la tasa de interés del préstamo –que debe aprobarle una entidad financiera vigilada por la Superintendencia– para vivienda nueva y urbana de hasta 105 millones (es decir, de interés prioritario (VIS) o de interés social VIP).
Con esto, los hogares “terminan pagando por su casa propia menos que lo que gastan en arriendo”, explica el Ministerio de Vivienda. Asimismo, hay opciones para hogares que obtienen más ingresos mensuales, que no son subsidios sino coberturas a la tasa de interés; es decir, un apoyo durante siete años para que la obligación que se paga cada mes (por una vivienda nueva de hasta 105 millones) sea más baja. Incluso, el gobierno ha destinado recursos para fomentar la compra de vivienda nueva que cueste entre 105 millones y casi 340 millones, sin importar el ingreso de la familia, aunque, por supuesto, la cobertura a la tasa es mucho más baja.
Existen, entonces, diferentes formas de completar el monto total de su vivienda: ahorro, crédito o leasing y, en caso de cumplir con los requisitos, apoyos del gobierno. Guzmán, de Old Mutual, recomienda que la compra del primer inmueble sea “conservadora”, de tal manera que, si se valoriza, su posterior venta pueda apalancar una cuota inicial más robusta en un próximo negocio.
¿Es un momento indicado para comprar vivienda? Vásquez considera que la situación es más favorable para comprar en estratos altos, debido a que hay “mucha oferta”, tanto en nueva como usada, por lo que los precios se han venido “ajustando”. Para vivienda VIS o VIP, ha podido observar que el inventario no es tan amplio. Guzmán, por su parte, cree que si la compra de vivienda es un objetivo de vida, el momento propicio es aquel en el que se pueda realizar. Si el negocio se hace con los ojos de un inversionista, dice, hay que cuidarse de no comprar un bien sobrevalorado, pues al final conseguir un retorno sobre este puede ser más difícil.