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El hombre de la obamanía

David Axlerod es el artífice de la más importante narración política de los últimos tiempos: Barack Obama.

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Obama + Cambio + Esperanza. Como quien hace una magnífica receta con los mínimos ingredientes, David Axelrod, el hombre clave detrás de Barack Obama,  candidato demócrata a la Presidencia de los Estados Unidos, ha logrado con estos  elementos que un senador negro, sin muchas horas de vuelo por los corredores de  Washington, se convierta en una marca, un símbolo y un sinónimo —hay quienes dicen que hasta el hartazgo— de un futuro distinto para los Estados Unidos.

Es el cerebro tras la ingeniosa campaña que entendió que internet y las redes sociales eran los mejores aliados para un candidato reformista. Logró que amplias masas de población blanca de Illinois lo eligieran en 2006 como el primer senador afroamericano en la historia, y tras haber liderado con éxito varias campañas de políticos de color, hoy es reconocido como “el curador” —lo describió un cronista del la revista de  The New York Times— de una suerte de museo donde se exhibe “la historia de la ascensión de una clase particular de candidatos afroamericanos carismáticos y reformistas”.

Periodista de profesión, conoció a Obama cuando recién arrancaba su trabajo como consultor en comunicaciones, y éste iniciaba su carrera política en una manifestación en Chicago, a mediados de los años noventa. Una conocida lo introdujo a Obama, como un futuro “presidente de Estados Unidos”. Desde entonces, Axelrod, que contando un par de excepciones parece trabajar sólo para causas políticas con las que comulga, se convirtió en un admirador de las ideas y el carácter de Obama. Esa fe ciega de su asesor número uno pareciera ser una de las claves de su campaña.

 Pero el consultor, de 52 años, reconoce que en el trabajo con sus clientes —que incluye a Bill Clinton y a tres ex contendores por la nominación demócrata: Hillary Clinton, John Edwards y Chris Dodd— ha aprendido otro repertorio de mantras para que el candidato seduzca a su público: “En las campañas norteamericanas, el futuro le gana siempre al pasado”, por ejemplo, o “la misión de un político es estrechar la distancia entre la gente y el gobierno”, le confesó al periodista de Rolling Stone Ben Wallace-Wells.

A esto se suma su más firme convicción: Obama tenía que cautivar por su historia, su personalidad, su familia, no por un programa político o una ideología. La clave con Obama era una: demostrar que su carácter podría encarnar los sueños y las aspiraciones de los habitantes del crisol estadounidense. Por eso lo animó a mostrase a sí mismo, narrarse a sí mismo (no en vano, a los 45 años, ya cuenta con dos biografías). 

Pero no todo es idealismo. “Sé que mi negocio contribuye a una atmósfera de cinismo. Trato de combatir esto. No puedo decir que estoy libre de culpa. Creo que todos en este negocio tienen una mano en ese cuchillo sangriento”, dijo al Washington Post durante las primeras semanas de la primavera de 2007, cuando empezaban las primarias.

Axelrod se preparaba entonces para sacar todos los juguetes contra su ex cliente, Hillary Clinton, también aspirante a la nominación demócrata, quien además resultaba ser una entusiasta contribuyente de una fundación contra la epilepsia, creada por Susan, su esposa, tras descubrir que la mayor de sus tres hijas sufría de este mal. “La vida puede ser trágica”, le respondió a Wallace-Wells por teléfono, al increparle por el dilema con Clinton.

Las estrategias de Axelrod fueron eficaces, y Obama logró convencer a los votantes demócratas de que “las maneras de Washington deben cambiar”, como lo dijo en Springfield, durante el lanzamiento de su campaña. Pero hoy, algunos seguidores le reprochan al candidato que “existen preocupantes señales de que se está alejando de sus compromisos fundamentales”, como se leía en una carta de intelectuales firmada en la revista The Nation.

El reto hoy para Axelrod es seguir cautivando a los votantes indecisos, mientras le asegura coherencia a sus seguidores. Un reto enorme, cuando en los últimos meses McCain, ácidamente, le ha venido saliendo al paso.

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