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“Quedé sin nada”: campesinos aterrorizados por bombardeos antinarco de Ecuador

Habitantes rurales aseguran que perdieron todo en los bombardeos recientes. Tendré que “empezar de cero”, lamentan.

19 de marzo de 2026 – 08:00 p. m.
TOPSHOT - Aerial view of damages caused by a bomb dropped by the Ecuadorean army in the Lago Agrio region, Sucumbios province, Ecuador, on the border with Colombia, on March 18, 2025.
Vista aérea de los daños causados ​​por una bomba lanzada por el ejército ecuatoriano en la región de Lago Agrio, provincia de Sucumbíos, Ecuador, en la frontera con Colombia, el 18 de marzo de 2025.
Foto: AFP - LUIS ACOSTA

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“¡Bum!”, escuchó José Peña. Un bombardeo ordenado por el presidente de Ecuador como parte de la guerra antinarco respaldada por Estados Unidos redujo a escombros la parcela de este campesino que asegura que aquí solo había una finca ganadera.

La AFP llegó a esta zona selvática fronteriza con Colombia y recogió testimonios que denuncian torturas de campesinos y otros abusos de militares ecuatorianos.

A pocos pasos del río que separa Ecuador de Colombia, Peña escuchó el ruido de dos helicópteros el 6 de marzo.

Aterrorizado, el campesino colombiano que vive en Ecuador corrió a refugiarse entre la maleza. Desde allí oyó un estallido que “sonó durísimo y estremeció todo”.

La finca quedó destruida. De las tres casas, pocas paredes quedaron en pie, las tejas de zinc fueron calcinadas y animales murieron.

Los campesinos aseguran que tres días antes militares llegaron al lugar y prendieron fuego a las casas, supuestamente para que no estuvieran habitadas en el momento del bombardeo.

El presidente ecuatoriano Daniel Noboa presentó el operativo como parte de las “operaciones conjuntas” con Estados Unidos en contra del narcotráfico.

Aliado de Donald Trump, publicitó en X la destrucción de un supuesto campamento de entrenamiento de los Comandos de la Frontera, una guerrilla colombiana.

Pero Peña y otros habitantes de la zona rechazan la versión oficial.

“Vivimos aquí”

Las denuncias en la región de Lago Agrio, en el norte de Ecuador, salen a la luz después de que el presidente colombiano Gustavo Petro informara el lunes del hallazgo de una bomba sin estallar del ejército ecuatoriano en territorio de Colombia.

Noboa calificó de “falsas” las acusaciones del mandatario izquierdista, que agravaron la crisis diplomática bilateral.

Interrogado sobre las denuncias de los campesinos, el ministro del Interior ecuatoriano, John Reimberg, negó ataques contra civiles y afirmó que los “objetivos” de los bombardeos fueron “trazados” con base en investigaciones que tomaron “meses”.

Vicente Garrido, un líder comunitario de 54 años, lo contradice: “Son viviendas de campesinos que vivimos aquí”, dice en medio de los escombros malolientes de la finca bombardeada.

Debajo todavía hay cadáveres de gallinas y de dos perros. Un limonero está quemado y un aguacatero perdió sus frutos.

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Guerrilleros colombianos aprovecharon durante años la falta de control estatal para llevar la droga hasta puertos ecuatorianos del Pacífico y luego a Estados Unidos y Europa.

Noboa intenta acabar con los carteles a mano dura, pero las cifras de violencia no ceden.

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Ecuador integra una alianza militar de 17 países de la región creada este mes por Trump para enfrentar amenazas de seguridad.

“Torturas”

Los campesinos aseguran que perdieron todo en los bombardeos. “Quedé sin nada”; tendré que “empezar de cero”, lamenta Gilson Vargas.

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El colombiano de 26 años afirma que fue arrestado por militares ecuatorianos junto a cuatro trabajadores más y que los acusaron de ser colaboradores de la guerrilla.

Denuncia que los patearon, les vendaron los ojos y les apuntaron. Contó que luego fueron trasladados en helicóptero a una base militar, donde estuvieron durante horas.

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La comunidad posee videos filmados por pobladores en los que aparecen de rodillas frente a los militares, con el rostro cubierto, antes de ser subidos a la aeronave. También registraron el momento en el que vecinos se acercan a reclamar a los soldados, pero son disipados con disparos al suelo.

La oficina de Derechos Humanos de la ONU recibió las denuncias de estos pobladores de la frontera de 600 kilómetros, donde operan guerrillas vinculadas al narcotráfico.

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El gobierno y la fiscalía de Ecuador no respondieron a llamados de la AFP para comentar estas denuncias.

La abogada de los campesinos Lina María Espinosa, de la ONG Alianza de Organizaciones por los Derechos Humanos, afirmó en una llamada que durante la detención algunos de sus clientes sufrieron “torturas” como “ahogamientos en tanques de agua” y electrocuciones.

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Uno de ellos mostró ante las cámaras heridas en las muñecas, según él causadas por las ataduras que usaron para inmovilizarlo.

Cráter

No es la primera vez que la frontera vive momentos de tensión.

En 2008 el presidente colombiano Álvaro Uribe bombardeó Ecuador para matar a Raúl Reyes, el número dos de la guerrilla FARC. El enojo de su homólogo Rafael Correa por ese operativo estuvo a punto de desatar un conflicto.

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Esta vez, Petro investiga cómo llegó del lado colombiano la presunta bomba ecuatoriana de 250 kilogramos, ya destruida por militares.

“Estábamos todos aterrados”, dijo el campesino colombiano Julián Imbacuán a la AFP.

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El habitante del pequeño poblado El Amarradero aseguró que la bomba cayó “cerquita de la casa”, a unos 50 metros. Más tarde encontró el artefacto sin estallar.

En Ecuador, los lugareños afirman que el 3 de marzo vieron una pequeña aeronave que lanzaba bombas. En una finca cercana apareció un cráter gigantesco.

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La llamada operación “Exterminio Total” es la punta de lanza de Noboa para atacar a las mafias que convirtieron al país en uno de los más violentos de la región.

Sin embargo esta cruzada está bajo la lupa de organizaciones como Human Rights Watch, que señala abusos a los derechos humanos luego que el gobierno decretara un “conflicto armado interno”. Quito refuta esas afirmaciones.

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