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La llegada anticipada de los Reyes Magos a un pesebre en Tokio propició una conversación sobre la posibilidad de que en un futuro no muy lejano alguno de aquellos personajes sea presentado como gay y modernice el relato navideño. Con el mismo desparpajo que en Occidente usamos a Buda como pisapapeles, adorno de repisas o talismán, Japón recurre a las decoraciones navideñas para darles glamour extranjero a hogares, instituciones y comercios. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
Desde noviembre, los barrios de Tokio compiten por los abetos más grandes y mejor iluminados, y no es raro ver a niños, jóvenes y hasta perros disfrazados de Papá Noel en celebraciones nada relacionadas con San Nicolás.
Tal apropiación cultural es terreno abonado para el absurdo, y no me sorprendí cuando, en el despacho de una agencia de traductores amigos, encontré a mediados de diciembre un diminuto portal de Belén con unos muy madrugadores Reyes Magos.
Cuando indiqué que, en la tradición cristiana, Melchor, Gaspar y Baltasar solo aparecen hasta el 6 de enero, fui objeto de un interrogatorio propio de una ventanilla de inmigración. ¿Cuáles eran sus nacionalidades? ¿Viajaron juntos? ¿Dónde se conocieron? ¿Cómo lograron localizar el humilde corral?
Recordé los apuros de los misioneros europeos en el Japón del siglo XVI, cuando los pragmáticos nativos cuestionaban en el Génesis la creación del sol el cuarto día, cuando ya había sido creada la luz en el primero.
Pedí tiempo para documentarme y, mientras retiraban las diminutas figuras, prometí dilucidar el asunto. Bastaron un par de artículos en la revista Time y en publicaciones devotas como Christianity Today para constatar que el debate es antiguo.
El evangelio de San Mateo solo menciona “sabios orientales”, sin especificar número ni poderes de prestidigitación. En relatos posteriores se habla de 12 astrólogos y las razas de Europa, Asia y África surgieron al parecer en el medievo como reflejo del creciente comercio transfronterizo de esa época.
Conscientes de que la Biblia ha pasado por idiomas como el hebreo antiguo, el arameo y el griego, y que cada época aclimata la traducción a su gusto, mis amigos especularon sobre la posibilidad de que, dada la tendencia modernizante del catolicismo, pronto se incluya a una mujer, un gay o cualquier otro colectivo segregado durante siglos de narrativa binaria.
Días después, el vanguardista jesuita James Martin encendía las redes sociales al dar la bendición no litúrgica a la primera pareja de hombres de su parroquia en Manhattan, en regla con la política del papa Francisco por una Iglesia más inclusiva.
Comprendí entonces que investigar y sacar del armario a personajes bíblicos favorecerá al libro más traducido de todos los tiempos y bendecirá con abundante trabajo a mis imaginativos amigos traductores.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.