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El Giro de Italia no se olvida de sus raíces. Y por raíces no hacemos referencia a los orígenes del ciclismo en ese país, sino a todo lo demás que, de una u otra forma, está conectado al deporte mismo.
Porque la bicicleta hace parte de la cotidianidad de los italianos, de su historia, su gastronomía, hasta su poesía. En esta oportunidad, la Corsa Rosa, le rendirá homenaje a Dante, el creador de la divina comedia, una recopilación del conocimiento en el que está la creación del cielo, el purgatorio y el infierno.
De hecho, gracias a él fue que el hombre del siglo XII pudo experimentar lo que hubiera sido estar en esos tres ámbitos, también entender que el conocimiento no era finito y que no solo una persona podía saberlo todo, que se podía indagar hasta encontrar una respuesta a preguntas imposibles.
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Ahí la importancia de este personaje para la cultura italiana, un hombre que desafió los cánones y también a la inquisición y su obsoleta idea de que cualquier conocimiento o descubrimiento era condenable.
Pero eso no detuvo a Dante y al sueño de una unidad en Italia y en Europa, incluso en los territorios que no conocía. Él, en otras palabras, albergó la esperanza de muchos a través de sus poemas. Lo duro fue que esa interpretación se vino a entender muchos siglos después, se sigue interpretando ahora.
“Es el poeta supremo de Italia”, reseña el diario La Gazzetta dello Sport haciendo alusión al porqué la prueba más importante del país, y una de las tres más grandes del mundo, hará una veneración al más partidario de la libertad en una época de restricciones”, a quien le entregó a los italianos su propio azar con frases como “no tengas miedo, nuestro destino no puede ser tomado de nosotros. Es un regalo”.
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De hecho, por eso es que en esta edición de la prueba habrá etapas en Rávena, lugar en el que falleció de malaria (14 de septiembre de 1321), conocido por los mosaicos que datan del siglo VI y por el papel que jugó en el desarrollo de Italia, y en Verona, población en la que vivió luego de ser desterrado de Florencia y donde pudo escribir y hablar sin miedo a la represión de la iglesia.
De hecho, este lugar mantiene algunas fachadas que vio Dante, uno que otro patio medieval y las calles estrechas por las que seguramente caminó.
El ciclismo, para los italianos, es más que salir a rodar sobre dos ruedas, está impregnado con su existencia y con todo lo que le ha dado bases a lo largo de los siglos.
Y, por supuesto, no podía quedar fuera el autor del libro que se podría considerar como el primero de la literatura moderna, una literatura de ideas, un texto inmerso en cantos, uno tras otro; una obra maestra.