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Funcionarios policiales dijeron que entre los muertos había 10 soldados fuera de servicio. Las fuerzas armadas afirmaron en un comunicado que la explosión fue un “ataque terrorista apuntado directamente contra el ejército” y señalaron que los autores se aprovecharon de la tensión política en el país.
El comunicado militar mencionó 11 muertos, incluidos nueve soldados. No hubo explicación a la diferencia en las cifras.
La bomba fue colocada en la calle principal y estalló al paso del autobús. Las calles cercanas estaban atestadas de personas que se dirigían a sus actividades, por lo cual hubo numerosas víctimas, de acuerdo con los funcionarios.
Las autoridades hablaron en forma anónima porque no tenía permiso para hablar con los medios de comunicación.
El estallido desató la sospecha de que milicianos islámicos inspirados por la red terrorista al-Qaida podrían haber cobrado venganza de las fuerzas armadas por los enfrentamientos ocurridos el año pasado en un campamento cercano de refugiados palestinos de Nahr el-Bared. centenares de personas murieron durante la batalla de un mes y que concluyó cuando el grupo guerrillero Fatá Islam huyó del campamento.
Desde entonces, Fatá Islam se atribuyó varios ataques contra soldados, entre ellos la detonación de una bomba 3l 31 de mayo que mató a un soldado en Abdeh, cerca de Trípoli. El líder de Fatá Islam, Shaker al-Absi, prometió “perseguir a los seguidores del general Michel Suleiman”, que fue comandante del ejército durante la batalla de Nahr el-Bared.
El primer ministro Fuad Saniora prometió que el ataque “no afectará al lanzamiento de nuestro gobierno.
“El Líbano y los libaneses no se postrarán de rodillas … no se someterán ante los criminales y terroristas” , indicó Saniora. Empero, se negó a relacionar el atentado con Siria. Sus partidarios han culpado al régimen de Damasco de otros atentados, muchos de ellos dirigidos contra personalidades libanesas antisirias.
La explosión ocurrió también horas antes de que el presidente Michel Suleiman comience una visita a Siria con la intención de enmendar las tensas y difíciles relaciones con el país vecino. El viaje representa la primera gira de un presidente libanés a Siria en tres años.
El ministro de Información, Tarek Mitri, dijo que el estallido fue una “gran explosión terrorista”, sin especular sobre los autores.
Trípoli, en la costa norte del Mar Mediterráneo y a 90 kilómetros (53 millas) de Beirut, es la segunda ciudad más grande del Líbano y está habitada en su mayor parte por suníes dominados por grupos leales a la mayoría parlamentaria que tiene el apoyo de Occidente.
En Trípoli han ocurrido en las últimas semanas enfrentamientos entre combatientes suníes y seguidores de la secta alauí —con raíces chiítas— que han dejado decenas de muertos y heridos.
El martes, después de cinco días de debates y semanas de negociaciones, el parlamento aprobó un gobierno de unidad nacional que otorga a la organización islamista Jezbolá —apoyada por Irán— una mayor participación en el gobierno, incluida la facultad de vetar decisiones importantes.