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Tuve que sentarme a recordar que la la música era el motor de mi vida, porque algunos en el paso a la adultez empezamos a preocuparnos por las cuentas y las cosas «importantes», dejando atrás lo que nos hace soñar. (Vea: Bestseller, una apuesta por el rock alternativo)
Como empecé a hacer un recuento de mi historia, descubrí que no había forma de que la música no inspirara mis días. Entre mis recuerdos hay dos canciones que mi hermano tocaba para mí cuando tan sólo tenía cuatro años. Las canciones que sonaban en la primera guitarra de mi hermano eran Crema de estrellas, de Soda Stereo, que recién había salido en el álbum Sueño Stereo, del año 1995. Pero Crema de estrellas no era suficiente, así que él me concedía una canción más, Si tuviéramos alas, de Miguel Mateos, de su álbum Kriptonita, del año 1991. Justo, el año en que nací.
Mi hermano invocó la música en mi destino. Hoy, casi 18 años más tarde, se abre un espacio que nace de una necesidad de encontrar sonidos e historias. Después de este derroche de cursilería doy paso al nuevo espacio que espero usted, que está frente a la página de este artículo, sepa disfrutar. Le sugiero que no sólo disfrute, sino que interactúe y nos cuente su historia.
Hace algunos años estaba sentada en mi trabajo y alguien me pidió una canción de una banda desconocida. Para ponerlos en contexto, debo decir que esta historia hace parte de la ciudad donde nací, Bucaramanga. Allí, el movimiento musical es amplio, pero tiene poca difusión. En términos de música como el rock, el jazz o la salsa, los espacios son reducidos. Un ejemplo de esto está en que la radio local sólo cuenta con una emisora por frecuencia radial netamente rockera, y quizá con dos más culturales.
Aunque hay espacios independientes, no cuentan con los recursos necesarios para sostenerse con continuidad. Por otro lado, los espacios que no exigen payola a los artistas son cerrados o desconocidos, interponiéndose a la diversidad de una ciudad que ha parido tanto artista.
Retomando, la banda desconocida: reconozco que por más melómana y locutora que era en aquel momento no logré identificar su nombre. Al final tuve que consultar a mi jefe sobre su procedencia y él respondió: “Son locales y la canción que pidieron suena bien, ponla”. Y en efecto eso hice.
El cohete, canción que habían programado, entró con un sonido contundente, con una batería que da expectativas. Casi a la espera de una explosión, específicamente, algo que en el jazz se denomina fast swing. Ese solo era el preámbulo para que una guitarra irrumpiera con la dureza del rock. El guitarrista hacía que el sonido bailara con punteos, notas fuertes y a la vez notas melódicas, acompasadas por una voz que tiene un sello propio.
Bestseller nace en 2013, luego de la desintegración de Elementhal, banda donde se conocerían los actuales integrantes del grupo musical. Diego Salazar, vocalista líder de la banda, llegó inicialmente a una agrupación que buscaba una voz femenina. Sin embargo, se presentó a la audición, convenciendo a lo que por 2012 se llamaba Elementhal.
Elementhal era una banda de covers, motivo principal que llevaría al fin de ese proyecto para dar paso a Bestseller, que buscaba trascender de esa etapa hacia la de composición. En abril de 2013, parte de los integrantes del anterior proyecto iniciaron Bestseller, integrada por Jesús Fuentes en la batería, estudiante de música moderna del Aula Moderna de Música y Sonido (Ammus); Yessidth Sanabria, bajista y estudiante de ingeniería de sistemas, y Julio Ariza, guitarrista líder y estudiante de medicina de la (UIS). La voz principal era la de Diego Salazar, estudiante de derecho de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB).
Los integrantes de Bestseller han tenido procesos musicales en los que han pasado por instrumentos como el requinto, el clarinete, la flauta y el llamador, además de haber incursionado en ritmos colombianos, de jazz y, por supuesto, de rock clásico. Esta experiencia ha enriquecido los procesos de composición, donde como grupo se complementan de forma equilibrada, sugiere Julio Ariza.
La primera composición inédita de la banda, El cohete, surgió de “un viaje a Estados Unidos, en un momento de mucha creatividad”, confesó Diego Salazar. A pesar de componer canciones como Ausencia, música y piel, No debes ser la mosca y Amor primitivo y arma blanca, la banda no ha dejado de lado los covers en sus shows, aunque pretenden lanzar durante 2015 el primer disco con composiciones propias.
Estos músicos han hecho interpretaciones de artistas como Arctic Monkeys, Audioslave, Guns ‘n’ Roses y Led Zeppelin, ya que son parte de sus influencias musicales. Además, cabe resaltar que interpretar vocalmente a personajes como Alex Turner, Chris Cornell, Axl Rose y Robert Plant no es fácil. El truco de interpretar no es imitar, es darle sentido propio a lo que ya se creó. Y eso es lo que Diego Salazar aporta, aparte de ser el compositor principal del grupo.