

Hace tres años, Lía Silva llegó a Colombia buscando una opción diferente de vida. Decidió migrar cuando la situación en Venezuela se tornó alarmante. Ella, como licenciada en arte, no pudo encontrar una oportunidad laboral.
La llegada no le resultó fácil. Antes de cumplir un mes en Bogotá, recibió una invitación para asistir a una casa abandonada en el barrio Rosales. La idea venía de una muestra de arte alternativo. Lía aceptó sin titubear.
Por la misma época, la diseñadora industrial Vanessa Matiz se preguntaba en dónde habían quedado sus ganas de pintar en gran formato. Su pulsión creativa estaba ahí, anidada, sin moverse. Como Lía, recibió la invitación para ir a la casa de Rosales. Lo que encontró fue suficiente para darse cuenta de que necesitaba ese acicate.
Lía pintó figuras geométricas saturadas de color. Vanessa, por su parte, esculpió en scratch a un indio rodeado de raíces. Demostró que la condición que desarrolló cuando estaba en el vientre de su madre no le impidió mostrar el torrente de su talento. Y es que desde temprana edad sus padres la empoderaron para lograr lo que se propusiera, por encima de los comentarios malintencionados que apuntaran a su físico.
La búsqueda de Vanessa fue existencial. Abordó la muerte y la espiritualidad.
Desde ese momento, Lía y Vanessa se inscribieron como participantes de las cuatro versiones de Lavamoatumbá, un proyecto autogestionado en el que creadores urbanos y plásticos restauran viviendas a punto de demolerse. Su objetivo es convertirlas en entornos de arte con muestras de muralismo, grafiti, escultura, mosaico e instalación que seduzcan a expertos y a curiosos.
Chucho Bedoya, creador del proyecto, dice que “los pintores ofrecen un servicio fúnebre inmobiliario en el que se les da a los espacios el descanso que merecen con una eutanasia artística”.
Lía Silva se inspiró en las tradiciones precolombinas para intervenir esta pared.
Luego de Rosales, la locación escogida fue un viejo restaurante chino en el barrio Galerías, que contó con la asistencia de 7.000 espectadores que supieron apreciar la labor de los artistas.
En el 2017, la tercera versión de Lavamoatumbá se realizó en una vivienda antigua de La Macarena. Sus paredes sirvieron de lienzo para que Vanessa esculpiera, como símbolo de renacimiento, a una mujer que se quita la piel. Lía, por su parte, intervino un baño.
Actualmente, Lavamoatumbá va en su cuarta versión, denominada Réquiem. En esta ocasión el colectivo de jóvenes convirtió una casa del barrio Antiguo Country en una experiencia cercana y conmovedora.
La exhibición fue inaugurada el Día de los Muertos y acogió a más de 90 artistas. La presencia femenina tuvo protagonismo con alrededor de 25 mujeres, como La Wife (Argentina), Fucsa (México), Ailis (Australia), Taty Gómez, La del Río, Pilar Pérez, Rapiña, Mugre y La Negra.
Para Réquiem, Lía, que ya ha pintado más de 20 murales en Bogotá, se montó en un andamio, con aerosol y stencils. Frente a un muro se inspiró en las tradiciones precolombinas, en especial en las ofrendas de oro que los indios incluían en las tumbas.
“Más que definirme como artista urbana, soy una creadora con muchas ganas de aprender, investigar y mejorar cada día”, dice.
Vanessa ha llegado a conquistar espacios como la No Nation Art Gallery, en Chicago, Estados Unidos con su obra, pero siempre vuelve al lugar que despertó su verdadera pasión. En esta ocasión, inspirada por la esencial dicotomía de la vida y la muerte, retrató el desespero del deceso y la espiritualidad, como homenaje a esos seres queridos que ya no están.
Los amantes del arte que quieran dejarse seducir por esta experiencia estética, pueden acercarse a la casa ubicada en la carrera 18 N° 85 – 71. Estará abierta al público los viernes y sábados, de 3:00 p.m. a 10:00 p.m., hasta el mes de mayo del 2019, tiempo en el que se realizará una subasta de las obras. Luego, la estructura será demolida para levantar un edificio enorme.

