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El ‘tour’ de la infamia

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VARIOS BUSES ROMPIERON LA SEmana pasada el silencio y la tranquilidad del elegante suburbio de Greenwich, a una hora y media de Nueva York.

Inauguraban un tour bien original y significativo, para conocer de primera mano las opulentas mansiones donde viven muchos de los ejecutivos de Wall Street, responsables de la catástrofe financiera norteamericana. La gota que rebasó la ira de la opinión pública y que motivó la organización del tour fueron los US$218 millones provenientes de los auxilios entregados por el gobierno a la aseguradora AIG, con los que se autopremiaron más de 100 ejecutivos responsables de la quiebra de la empresa.

El tour invita a conocer la vida de los ricos hoy famosos por pérfidos. De micrófono en mano un guía describe la casa colonial con su cuidado campo de golf de Janes Hass, uno de los vicepresidentes de AIG o la de la familia Noel, propietarios del fondo Farifield, que perdió billones con Maddof… y así. Se palpa la opulencia y la codicia a medida que el bus avanza. Los turistas son gringos de clase media o humildes que han perdido el empleo, los ahorros de la pensión o la casa por cuenta de la irresponsabilidad de los propietarios de las mansiones en Greenwich. El tour consigue convertir los excesos de los ejecutivos en la vergüenza de unos privilegios desbocados. Su impacto es demoledor porque transforma las frías cifras en realidades concretas y tangibles, que golpea con su contundencia a la opinión. Sin duda alguna, un ejercicio pedagógico más efectivo que horas de lecciones de democracia en cátedras de ciencia política o de debates. Logra convertir la rabia en protesta ciudadana.

Toures de este tipo en países con una desigualdad social como la de Colombia, la más alta de Latinoamérica junto con la de Brasil, podían resultar francamente explosivos. Permitirían ver en qué se convirtieron las pensiones de miles de colombianos humildes de Foncolpuertos o cómo vive el hombre que se enriqueció con la Licorera de Caldas, o a dónde fueron a parar las coimas del Idema o las ganancias de una empresa tan próspera como fue Emcali, antes de que se la robaran condenándola hoy a su liquidación. Toures que podrían convertir las denuncias de corrupción en imágenes concretas de la manera vulgar y desproporcionada como viven sujetos con nombre y apellido que han logrado acumulaciones de riqueza, no exactamente por el camino del esfuerzo y el trabajo honrado. Excesos mal habidos que generan un gran daño social y que, como en el caso de los ejecutivos de Wall Street deben ser desnudados y castigados socialmente por… antisociales.

El presidente Obama, de manera edificante, ha estado del lado de los damnificados, señalando y censurando con nombres propios la codicia y la ambición desbocada. Una actitud contraria a la que impera en Colombia con la perversa costumbre del tapen tapen, que no es sino complicidad y compinchería entre los poderosos que no son sólo los políticos. Toures como éstos ayudarían a desenmascarar la infamia, a condenar a los responsables y a formar ciudadanos conscientes y actuantes, sin los cuales no hay ni democracia ni ética ciudadana.

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