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Drogas otra vez en la agenda

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DEBIDO A LA VIOLENCIA NARCOtraficante en México, el tema de las drogas ilegales está subiendo como la espuma internacionalmente.

Es posible que pronto retome el puesto protagónico que tuvo en el pasado en la agenda pública norteamericana, y por ende, en las relaciones con Colombia, “renarcotizándolas” en reemplazo del énfasis antiterrorista que han tenido durante los últimos seis años.

En las elecciones presidenciales norteamericanas de 1988, las encuestas registraban que el problema de las drogas ilegales era una de las principales preocupaciones de los estadounidenses. De allí nacieron las preferencias arancelarias para los países del área andina, y la cumbre en Cartagena con la presencia del presidente Bush. En las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos, la preocupación por el problema estaba en los últimos lugares, lo que explica por qué no apareció en los debates y por qué el gobierno Obama no tiene una política estructurada sobre el tema. Pero a las pocas semanas de la posesión de Barack Obama, los hechos de violencia relacionados con el narcotráfico en México aparecieron en todos los diarios de ese país, generalizando la preocupación de que traspasen la frontera. La nueva administración ha tenido que salir a enfrentar el problema apresuradamente, enviando tropas a la frontera, y buscando cooperar con México.

Aunque Obama ofreció luchar “hombro a hombro” con el presidente de México en su “valiente” ofensiva contra los narcotraficantes, aparentemente enfocando el problema como una amenaza que viene de fuera, y no como un problema interno de Estados Unidos, las afirmaciones del vicepresidente Biden en una columna de opinión y las declaraciones de la secretaria de Estado Hillary Clinton en México la semana pasada representan un cambio importante en la posición norteamericana frente al tema. Clinton habló de “corresponsabilidad” en la lucha contra el narcotráfico, y aceptó que la “demanda insaciable” de drogas por parte de Estados Unidos es un componente fundamental del problema.

Para un país que como Colombia ha sido la principal víctima del fracaso de la política antidrogas basada en la represión de los cultivos, y para el cual el narcotráfico representa el principal problema, una apertura de la importancia de la que acaba de hacer la señora Clinton, constituye un reto de política exterior urgente. La sensación estadounidense de que la violencia producida por el tráfico de narcóticos ya no es una crónica lejana, sino que puede afectarlos directamente, acerca a ese país a la problemática de los países productores y exportadores de droga, y por ende representa una oportunidad para que éstos busquen espacios para reformular la lucha antidroga en condiciones más favorables a sus necesidades. Por ejemplo, trasladando recursos y esfuerzos de la erradicación de cultivos, a la persecución de las organizaciones de traficantes.

Sin embargo, el gobierno Uribe está concentrado en los beneficios políticos que le reporta la postura represiva de la dosis personal, olvidando que en realidad éste es un tema crítico de política exterior.

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