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Independencia grita (el Rey)

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En estos días lluviosos y uribitos me ha dado por releer los documentos fundacionales de la patria (así le dicen), que a mi juicio deberían ser las Capitulaciones de Santa Fe –en las que los Reyes Católicos hicieron Almirante a Cristóbal Colón para luego hacerle conejo; al fondo se veían los pendones de Aragón entrando  en Granada, último refugio de los moros y sus buenas madres, o las Leyes de Burgos o qué sé yo:

el Índice de libros prohibidos de Salamanca, o el Carnero, o como alguna vez dijo el doctor López Michelsen, la Real Cédula del 17 de julio de 1549 por la que se creó la Audiencia de Santa Fe de Bogotá.

Pero no: como acá llevamos 200 años maldiciendo de España –y no se me ocurre un homenaje al espíritu español más grande que ese, salvo el de DMG que parece un capítulo apócrifo del Lazarillo o el Guzmán de Alfarache– me he limitado al canon republicano, al mito de la Independencia, y la dicha no habría podido ser mayor.

Porque cada documento de aquellos días encierra cientos de tesoros y hallazgos, y la risa corre pareja con la indignación y la nostalgia. Esto siempre fue un sainete, y antes deberíamos darnos por bien servidos de haber llegado tan lejos. Lo decía Nariño, quien fue quizás el único que entendió todo y por eso se pasó la vida entre la cárcel y la incomprensión: “qué se puede esperar de un país  que comienza por donde otros terminaron”.

Pero con la celebración del Bicentenario ya se nos avecina la verbena patriotera (que como será de buena que ni el Gobierno la quiere pagar, pensando mejor en la del 19), para seguir diciendo, ¡todavía!, que nuestros próceres eran lectores de Rousseau y de Voltaire, o burgueses iluminados que trajeron la Modernidad para cerrar de un tajo tres siglos de horror medieval entre nosotros. Jóvenes inquietos y eruditos que cruzaron de la Expedición Botánica a la Revolución Francesa.

O para decir, desde el poscolonialismo más enrevesado, que nuestra Ilustración fue un acto hegemónico de usurpación ontológica y epistémica (?), como los que en el siglo XIX protagonizaron los Orientalistas de Said. Que Caldas y Ulloa y Torres y Lozano hicieron de la Ciencia no un estatuto libertario, sino un instrumento de exclusión política y económica que además de nombrar a las matas también jerarquizaba a los seres humanos.

La Independencia, sí. Que al proclamarla el 20 de julio, nuestros próceres le juraron lealtad al Rey Fernando VII. Al mismo que un año después, en una Constitución, hicieron Monarca de Cundinamarca, con la obligación de no casarse sin que sus súbditos de la Sabana le dieran el visto bueno a la novia.

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