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Rescatar al habitante de calle, una tarea compleja

El 74,4% de las tres mil personas que deambulan por las calles de Medellín, reconoce ser consumidora de drogas. La Alcaldía de la ciudad adelanta un programa de inclusión social para reintegrarlos a la sociedad.

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Durante cerca de 8 o 10 años, no recuerda con exactitud cuántos, Nelson Areiza deambuló por las calles de Medellín. Su adicción a las drogas y las “malas influencias”, lo llevaron a abandonar su casa y a convertir las orillas del río y las cuevas de vicio en su hogar. Él hacía parte de las cerca de 3.250 personas que están en esta condición.

Verlos en las calles se ha vuelto común, lo cual ha despertado las críticas de muchas personas no solo del común, sino concejales de la ciudad, quienes aseguran que la problemática no está siendo atendida correctamente. Uno de los principales críticos ha sido el concejal Luis Bernardo Vélez, quien en diferentes oportunidades ha manifestado a los medios de comunicación, que si bien la administración ha hecho un esfuerzo importante, éste ha estado más enfocado en el ataque a las ollas de vicio, y ha insistido en la necesidad de una política pública para atender eficazmente a este sector vulnerable de la población.

Sin embargo, el alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria, defiende el programa de atención al habitante de calle, aunque es consciente de la complejidad del problema. “Es una política muy compleja, muchas personas creen que hay soluciones mágicas pero nosotros creemos que la solución es seguir trabajando con perseverancia, con cariño, con metodología, seguir incrementando y canalizando bien la inversión de la administración municipal en todos los frentes”.

Mensualmente, la Alcaldía invierte $3.600 millones en su atención y recuperación. Uno de los beneficiados ha sido Nelson Areiza, quien después de muchos años de deambular por las calles sumido en las drogas, decidió aceptar la oportunidad que le brindaban en los programas de la Secretaría de Inclusión Social y Familia. “Yo fui muy terco, tuve que bajar hasta el abismo para poder caer en cuenta de que eso no era vida, como estaba llevando las cosas prácticamente me estaba matando no solamente a mí sino a mi familia. Todas esas cosas a través del tiempo y mi trabajo de recuperación fueron bases fundamentales para poder dar el paso y poco a poco llegar a donde estoy hoy”, relata Nelson.

Él hace pocos días se graduó, recibió el reconocimiento por haber salido de la calle, en el último mes 103 personas se reincorporaron a sus familias. “En estos seres humanos hay historias verdaderamente conmovedoras, inspiradoras. De personas que durante 10, 15 o 25 han estado esclavizados por la droga. Ellos están enviando un mensaje muy fuerte a la sociedad de que sí se puede con decisión, pero la institucionalidad y la sociedad tienen que ser solidarias y no diferentes, para eso estamos trabajando desde que atacamos 46 ollas de vicio”, explicó Gaviria.

Según un estudio de la Universidad de Antioquia, el 74.4%, de los habitantes de calle reconoce ser consumidor de drogas como bazuco, marihuana, perico, éxtasis, cocaína, sacol y pepas. De allí el empeño de la Alcaldía por atacar los expendios donde permanecen estas personas.

Estrategia de interdicción

Uno de los mecanismos que tiene la Alcaldía para atender al habitante de calle, es la figura de interdicción, la Subsecretaria de Grupos Poblacionales de la Secretaría de Inclusión Social y Familia, Luz Aída Rendón, explica que cuando una persona ha sido policonsumidora durante muchos años, no tiene poder de autodeterminación, “voluntariamente nunca tomarían la decisión de iniciar un proceso de rehabilitación. Nos hemos dado a la tarea por el decreto 1500 de 2014, que expide la Alcaldía de Medellín, de iniciar un proceso de retirarlas del río”.

Un total de 256 personas han sido llevadas al hospital mental, donde inician un proceso de desintoxicación y posteriormente deciden continuar la rehabilitación. “Es paradójico porque no hemos necesitado la interdicción como figura y todos han iniciado ese proceso de recuperación de manera voluntaria, la tenemos porque en cualquier momento podemos ampararnos en ella”, explica Rendón.

Adicional a ello, diariamente se atienden diferenciando la población por edades, “tenemos en Centro Día Uno 400 personas, en el dos 800, en el tres 150; tenemos 140 en el albergue de recuperación de tuberculosis y VIH, 190 más en atención para el habitante con discapacidad crónica y mental, más de 450 en la red para el alma y la vida, entonces realmente tenemos una población que está haciendo atendida, sin embargo hay un sector que aún no quiere acceder a la oferta”, manifiesta Rendón.

El secretario de Inclusión Social y Familia, Héctor Fabián Betancur, reconoce que falta capacidad institucional para atender a todos los habitantes de calle, por lo cual están analizando otras alternativas. “En el hospital mental nos reciben semanalmente 25, estamos mirando con Carisma, que nos acepten otros 25 y así duplicamos la capacidad”.

Quienes como Nelson logran superar la adicción y abandonar las calles, esperan una nueva oportunidad. Él vive ahora con su madre, trabaja en metalmecánica y confía en que la sociedad los acepte. “No es fácil, después de este trabajo de recuperación, poder tener oportunidades porque de por sí vamos a encontrar muchos tropiezos, personas que no van a tener la suficiente confianza en uno. Hasta el momento cada día he avanzado más y más en esa oportunidad que me dieron, allá mismo me estoy proyectando y con la ayuda de Dios voy a salir más adelante”.

 

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