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El episodio terrorista de la semana pasada, mediante el cual se atentó contra la dignidad y salud de los villavicenses, al hacer estallar cargas explosivas en el ducto que conduce el agua a los hogares de la capital del Meta, logró el asombro y solidaridad del país, sin embargo cuando los ecos del estruendo se hayan diluido, volverá a ser evidente la pobre gestión gerencial de una empresa que debiera ser ejemplo de buen manejo de lo público.
El episodio violento ha servido para que el país otorgue la atención que rara vez recibe nuestra ciudad; el Burgomaestre ofreció explicaciones en vivo y en directo, además se le vio muy diligente regalando bolsitas de agua y la Viceministra ofreció indignadas declaraciones por el atentado. No obstante, tan pronto la irracionalidad terrorista logren consolidar otra locura, “villavo la bella” pero sedienta, volverá a su consuetudinaria miseria hídrica, en la que la cobertura ofrecida tiene más de medio centenar de competidores de pésima calidad y el líquido que llega por el tubo seguirá siendo calificado en suficiente nivel de riesgo como para tener la certeza que no se bebe agua potable.
En cambio esta administración que ha sido bien diligente en mantener y tramitar incrementos en pagos salariales no autorizados por la ley a su cúpula, no ha propuesto aún un modelo de gestión que la transforme, en donde debiera al menos plantear el debate de cuál es la forma de propiedad que puede servir mejor a los propósitos de eficiencia y servicio, al tiempo que la aleja permanentemente de los riesgos de politización a los que ha estado sometida.
Esta Alcaldía que sea convertido en un adalid de la defensa de lo público liderando acciones populares en contra de otras órbitas del Estado para reclamar un trato democrático y justo del bien común, no ha hecho, sin embargo, lo que le compete en aquello que administra directamente, contrasta la crítica pasada con la expectativa ciudadana de cambio y por ahora ya lleva dos gerentes y pocos resultados; de ser coherente con su visión de lo público, debería haberse auto-impetrado su respectiva acción popular.
Villavicencio merece una empresa de Acueducto eficiente, que supere el dilema de lo público versus lo privado, que trabaje en la dirección de prestar un servicio socialmente competente para que simple y llanamente entregue agua potable a la ciudadanía, propósito que a pesar de lo sencillo, no provoca reacciones de viceministro, ni cámara en horario triple A para el Alcalde. Pronto estará esta administración con el Sol de medio día y de no actuar en la dirección correcta, la ciudad continuará perdiendo la oportunidad de renovar la empresa que por ahora ha sido puesta a navegar entre las aguas de la ineficiencia y del terrorismo.