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EN LO QUE VA DE ESTE AÑO MUCHOS cartageneros hemos tenido la oportunidad de disfrutar varios eventos culturales de excelente calidad.
Del 8 al 17 de enero en el III Festival Internacional de Música, promovido por la Fundación Salvi, pudimos escuchar más de 21 conciertos en el Teatro Heredia-Adolfo Mejía, en los espacios culturales de los barrios populares, como el Centro Cultural Las Palmeras y en la plazoleta de San Pedro Claver, en la ciudad amurallada. Más de 22.000 personas asistieron a estos conciertos, que se caracterizaron por la calidad de los solistas, como la violinista Anne Akiko Meyers, y de la Sinfónica de Londres, dirigida por Scott Yoo.
Pocas semanas después se realizó, por cuarta vez en Cartagena, el Hay Festival, un encuentro del público con escritores de diferentes campos, pero especialmente de la literatura. Este año el de mayor renombre fue Salman Rushdie, pero como en años anteriores llegaron gran cantidad de escritores consagrados, como Martin Amis y Jung Chang, así como jóvenes que comienzan a destacarse, como Junot Díaz.
Tres semanas después de que se acabara el Hay, el 27 de febrero, se inició la versión 49 del Festival Internacional de Cine y durante una semana pudimos disfrutar del buen cine internacional y latinoamericano, además de una muestra de video arte.
En los tres eventos que he comentado, llegó a la ciudad un grupo nada despreciable de turistas nacionales, lo cual se reflejó en la actividad de hoteles, restaurantes, taxis y comercio local. Este es un turismo con buen poder de compra, que además rompe con las temporadas turísticas tradicionales de Semana Santa, mitad y fin de año.
Todo lo anterior muestra muy claramente que Cartagena se puede convertir en la capital cultural de la Costa, de Colombia y del Caribe. Sin embargo, para que ello ocurra es necesario un cambio de mentalidad. Primero que todo, se requiere que la dirigencia económica y política cartagenera decida apostarle a la cultura como la gran inversión en la competitividad turística local. Para ello se deben construir museos de última generación que entusiasmen a miles de turistas a visitarlos, para conocer la fascinante historia de la ciudad, que es también la de Colombia y la del Caribe. Hoy en día la ciudad se encuentra lejos de alcanzar objetivos como éste. El Museo de Arte Moderno de Cartagena sobrevive de milagro y por la tenacidad de sus directivos, pues nunca ha tenido un decidido apoyo económico de las autoridades económicas locales. Algo similar sucede con el Teatro Heredia-Adolfo Mejía. ¿Y qué decir de la falta que hace un buen museo de historia de la ciudad o de arte contemporáneo? Además, después de 49 años de realizar un festival internacional de cine no se ha logrado construir una cinemateca.
La ciudad de Guadalajara, en México, es un contra ejemplo pertinente de una apuesta por la cultura como mecanismo de desarrollo. La feria anual del libro la puso en el mapa mundial. Próximamente, con la inauguración del Museo Guggenheim, Guadalajara se consolidará como destino del turismo cultural. Y Cartagena: ¿seguirá pensando en cómo maquillar el mercado de Bazurto?