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David Rivera, Camilo Talero y Jordi Buitrago, tres alumnos de bachillerato del Liceo Francés de Bogotá, visitaron las instalaciones de El Espectador. Se sentían “decepcionados” por una noticia divulgada, primero por La Luciérnaga de Caracol y luego por este periódico, en la que se hablaba de tráfico de armas blancas en su colegio. Los tres hacen parte del consejo estudiantil del colegio y fueron elegidos democráticamente por sus compañeros.
En el artículo titulado “Lío en el Liceo Francés por venta de navajas”, publicado el pasado 31 de enero, se relataba el malestar de algunos padres de familia al enterarse de la herida que sufrió un alumno mientras manipulaba una navaja tipo mariposa dentro de las instalaciones del colegio.
Tras la investigación de los hechos, se descubrió que un alumno de bachillerato había vendido al menos tres navajas a estudiantes de grados menores.
“Creemos que los papás que les informaron sobre esto exageraron lo sucedido”, dijo Camilo Talero de grado 12 y aclaró algunos detalles del contexto en que se presentó el incidente. Primero, que el alumno que vendió las armas tiene una buena reputación entre compañeros. Además, ha sido Boy Scout por varios años y está familiarizado con el uso de navajas y cuchillos. Las navajas que terminaron en manos de otros alumnos fueron compradas en un viaje. También el papá del niño fue líder de los Boy Scouts.
“Los padres de familia alarmados comenzaron a hablar de tráfico de armas pero eso no es cierto”, insistió Jordi Buitrago, “fue un hecho aislado y la comunidad del colegio se sintió atacada con estas noticias. Se ha dicho que el colegio ocultó información pero la verdad es que si se informó sobre lo que sucedió”.
Tampoco les pareció correcto que se dijera que no hubo sanciones adecuadas. Los alumnos involucrados en el episodio fueron sancionados cinco días y, además, quien vendió las navajas va a ser citado a un consejo de disciplina. Ser citado a uno de estos consejos, dentro del modelo francés de educación, se convierte en una anotación en la hoja de vida, una “marcas” a la hora de buscar trabajos y oportunidades.
Un punto importante por aclarar, según los tres estudiantes, es que en los medios se habló de un alumno de bachillerato vendiendo armas a niños de primaria. Explicaron que en el modelo de educación francés no se sigue el mismo esquema de grados que en Colombia y en realidad los chicos que compraron las navajas están en un momento de transición entre la primaria y el bachillerato.
La lectura que han hecho los estudiantes del colegio sobre lo sucedido difiere radicalmente de la que han hecho los padres. Para ellos, su compañero tenía esas navajas más como un juguete que como un arma para hacer daño. Ese interés terminó contagiando a los otros alumnos que quisieron comprarlas. Luego jugó su papel la mala suerte. Mientras en el recreo uno de los niños que compró una de las navajas jugaba con ella, llegó otro y se la intentó quitar. El resultado fue la herida en la mano y el comienzo de todo el escándalo que terminó en medios de comunicación.
“La ingenuidad de un alumno no puede terminar en esto”, dice David Rivera. Explicó que si el colegio fue prudente con el manejo de la información, eso no obedeció a un deseo de ocultar los hechos sino al interés por proteger la integridad y los derechos de los involucrados.