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Te curarás a la fuerza

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CUANDO LOS POLÍTICOS SE PONEN la bata blanca y reemplazan a los científicos, los resultados pueden ser catastróficos.

En el tema del consumo de estupefacientes, se ha propuesto por parte del Gobierno la creación de tribunales mixtos cuyo propósito es inducir y después obligar a los adictos a someterse a tratamiento terapéutico. Aunque se abona a la idea que en tales tribunales habrá profesionales de la salud, la iniciativa de todos modos genera inquietudes. Hay, en primer término, un serio problema fiscal. El proyecto suena demasiado costoso y demasiado alambicado. Tiene más cara de Dinamarca que de Cundinamarca, para acudir al ripio. También creo que altera seriamente un esquema razonable de prioridades. Con una justicia paquidérmica, no parece tener mucho sentido crear tribunales para lidiar  con los consumidores de droga. Muchos de ellos, usuarios recreacionales que aunque, como dice el Gobierno, alimentan la cadena del negocio, tampoco se puede decir que ostenten grave peligrosidad.

Pero la mayor preocupación surge en el campo de las libertades civiles. No es bueno abrir la puerta a tratamientos médicos obligatorios, manejados por tribunales. Cuántas dictaduras se sirvieron de siquiatras inmorales para apresar disidentes.

Otro aberrante caso de políticos con bata blanca pesa sobre la memoria de Bush. En cumplimiento de su agenda política, decidió entorpecer la investigación con células madre, llevando la larga mano del Estado a los laboratorios, esta vez en asocio del peor extremismo evangélico, al cual le hicieron coro las voces provenientes del Vaticano y de las entretelas tenebrosas de lo más radical del Islam.

Obama salva su legado histórico con la reciente decisión de volver a impulsar el avance de la ciencia en el terreno de las células madre, el cual constituye una esperanza para millones de seres humanos que sufren enfermedades degenerativas.

El Observador Romano reaccionó de manera negativa con el argumento de que un embrión in vitro es un ser humano que no puede ser destruido. Aplica el Vaticano la tesis de que ni siquiera los embriones sobrantes de procedimientos de fertilidad pueden ser utilizados. Es una verdadera aberración. Las células madre se extraen de un cluster de 180 a 200 células que están en un recipiente. No viven en un útero femenino. No son fetos. Son vida, como lo es una célula de piel que se desprende, pero no son personas. Confundir lo uno con lo otro es un acto de extremismo religioso insostenible. Extremismo que termina enredado en la manía de caer en un inhumano absolutismo para sostener el dogma. Sacrificar un mundo para pulir un dogma. Dogma, además, bastante cruel, porque por salvar blastocitos sobrantes de tratamientos de fertilidad, que de todos modos morirán, se deja sin esperanza a millones de diabéticos, parapléjicos y enfermos de alzheimer y parkinson.

Obama ha recuperado el rostro humano de las políticas públicas.

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