Publicidad

Juan Albañil y su “El Dorado”

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Es el final de la década del setenta, y mientras Turbay Ayala afila sus peligrosas doctrinas, Juan Albañil se prepara para su primer trabajo.

Lo han contratado para dar una mano en el novedoso puente de la Avenida El Dorado, frente al Concejo de Bogotá. Juan no alcanza a ver desde las alturas de esos años, la estatua que consagrará unos años después a Luis Carlos Galán, asesinado en Soacha en una noche más de crímenes de Estado. Tampoco puede ver cómo el (Trans) Milenio desaparece de su vista, lo que fue su primera obra. No fue de arte, pero fue suya y recuerda cuán orgulloso le mostraba siempre a sus hijos el puente que él había construido. ¿Y tú lo hiciste sólo?, le preguntaba el más pequeño. Sí, con una ayudita extra de la virgen de Guadalupe, respondía feliz Juan.

Mañana, un domingo más, cuando Juan salga en bicicleta a buscar la ciclovía de la calle 26 ya no verá su puente. ¿Qué dirá a sus nietos? Haría falta un blues para rematar esta historia, pero aprovechando la visita de Cheo Feliciano (aunque esta canción no la cantó el pasado jueves) le tomamos prestadas estas palabras (originales de Curet Alonso): “Juan Albañil, hombre vecino, cuánto ha soñado con la llamada igualdad, Juan Albañil, pero dile a tus hijos que en el cemento no hay porvenir…”. Juan le dirá a sus nietos que ahora un (Trans) Milenio pasará por allí y que su Avenida El Dorado estará mejor así. Y tú trabajarás ahí, le preguntarán. Y Juan les responderá: “No, en el cemento no hay porvenir”.

Huele, como debe ser, a una humeante crónica de Araújo Vélez.

*Colaboración del lector

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido