Publicidad

Goticas homeopáticas

Klaus Ziegler
11 de marzo de 2009 – 10:53 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Son raras las ocasiones en que la ciencia logra anotarse una victoria sobre la seudociencia, como ocurrió hace unos meses con el cierre de la sección de homeopatía del prestigioso hospital Tunbridge Wells de Londres, uno de los mayores centros homeopáticos del mundo. Un gasto de 160.000 libras anuales, en contraste con la pobrísima eficacia de los tratamientos, motivaron a que el sistema de salud británico tomara esta determinación.

La homeopatía es una terapia creada por el médico alemán Samuel Hahnemann, quien se apoya en principios que contradicen la química, la farmacología y la patología. Hahnemann y sus discípulos habían notado que la quinina en dosis altas desataba accesos febriles similares a los producidos por el paludismo, observación que inspiró su famosa “ley de los similares”, que establece que una enfermedad puede ser curada por medio de una sustancia que produzca los mismos síntomas patológicos en una persona sana, y su “ley de los infinitesimales”, que afirma que cuanto más pequeña sea la dosis de la sustancia activa, mayor es el efecto curativo.

Su explicación sobre la etiología de las enfermedades es falsa y está en contradicción con el principio homeopático de que no hay enfermedades sino enfermos. Hahnemann creía en el origen infeccioso de algunas enfermedades, como la demencia, la epilepsia, las caries y el cáncer, según él, males causados por la “psora” (sarna).

Los homeópatas se han visto obligados a conservar algunas de estas creencias, pues son el fundamento de las dos leyes básicas de la homeopatía, aunque, con la pretensión de darles un aspecto científico a sus teorías, han hecho una simbiosis entre los conceptos originales de su fundador y un discurso seudocientífico de “energías”, “vibraciones”, “memoria molecular…   Y cuando se refieren a las doctrinas originales, recurren a la imprecisión para evitar el ridículo. Así, con la “psora”, el homeópata moderno puede referirse a la inmunodepresión, como también a enfermedades autoinmunes o a la alergia.

Seríamos demasiado optimistas al suponer que la decisión del sistema de salud británico de no malgastar la plata de los contribuyentes en medicinas anacrónicas que no muestran una eficacia más allá del simple efecto placebo sea el comienzo del fin para las medicinas alternativas. Las presiones políticas del lobby homeopático son enormes y han logrado que a sus productos no se les exija demostrar su eficacia, como sí a otras drogas. Nada raro, por tratarse de un negocio tan lucrativo como es el de vender goticas de agua destilada a precio de oro.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido