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El congreso del PDA

Rodolfo Arango
25 de febrero de 2009 – 11:00 p. m.

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EL SEGUNDO CONGRESO DEL POLO Democrático Alternativo sesiona desde hoy en Bogotá. La construcción de una democracia moderna avanza con firmeza en Colombia.

La izquierda se sacude de su rebeldía e indignación por la repartija del poder entre liberales y conservadores y por la concomitante extensión de la desigualdad y de la pobreza en la población. En la historia nacional no existía antecedente de un movimiento tan amplio y heterogéneo de construcción de instituciones políticas democráticas con origen en las agrupaciones de izquierda. Ante la relevancia de este proceso, contrasta la actitud de algunos medios de comunicación en el cubrimiento de la noticia.

Presentar el crecimiento y la deliberación en el Polo como una lucha intestina por el poder partidista, o como componendas de unos para neutralizar a otros, es parcial y superficial. Algunos miembros del Polo han dado lugar a esta percepción. Son conocidas las acusaciones sin pruebas de corrupción o de simpatía hacia la guerrilla. Confundir ambiciones personales con posiciones de principio es propio de mentalidades incipientemente democráticas. Pero la construcción de democracia pasa por aprender a diferenciar entre las aspiraciones de liderazgo y la agencia colectiva responsable.

Punto central del II Congreso del Polo es el modelo de democracia propuesto: popular o de partidos. Mientras alguno invita a una convergencia democrática en contra de Uribe —¡que puede incluir hasta uribistas no reeleccionistas!—, la mal llamada izquierda radical privilegia el fortalecimiento de un partido programático. El primero prioriza la estrategia electoral a la política programática y recurre a la sumatoria de sectores y grupos de simpatizantes aglutinados en torno a un objetivo coyuntural. La segunda, en cambio, subordina las posibles coaliciones al compromiso de respetar un programa de gobierno acorde al ideario de unidad.

Aunque esta última postura tiene un cariz de inflexible, ella se justifica porque permite mayor transparencia y responsabilidad en el ejercicio y desempeño del poder público. La experiencia muestra que la democracia popular, si bien canaliza el fragor instantáneo de inconformes e indecisos, no resuelve el problema de inestabilidad suscitado por el vaivén de los intereses coyunturales. Por el contrario, un partido con amplia y diversa participación popular desde las bases y unido a postulados de principio que le dan sindéresis, no sólo es una garantía para el elector sino también para partidos de signo y contenido contrario, los cuales tienen la posibilidad de saber a qué atenerse al momento de plantear alternativas a la población.

Si el Polo logra ofrecer al electorado una solución viable a la participación política condicionada a la satisfacción de las necesidades básicas, por ejemplo mediante la profesionalización de la función pública y la realización de derechos sociales para todos, se podrá diferenciar de los partidos tradicionales y habrá colocado la primera piedra para disolver el dañado y punible ayuntamiento entre política y clientelismo en el país.

Por último, el Polo y su dirigencia han condenado repetidamente la combinación de las formas de lucha. Pero el oportunismo de propios y ajenos, raudos en estigmatizar al PDA como brazo político de las Farc, opaca este hecho. Las Farc le han hecho enorme daño a la izquierda democrática. Mientras tanto la altura ética de la presidencia del Polo ha impedido degradar el debate democrático al acusar a los precandidatos uribistas de pertenecer a la mafia por no condenar las chuzadas del DAS.

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