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Dignori Reinoso Santa es empleada de servicio doméstica, va a cumplir 32 años y no sabe aún que la única hija que ella y su esposo Esteban han tenido, una pequeña de 6 años a quien la pareja llamó Geraldine, murió casi instantáneamente mientras ambas caminaban por una calle del barrio Palermo Sur, en el sur de Bogotá, cuando apenas el Año Nuevo comenzaba a despuntar. Un drama que hizo de Dignori, su esposo Esteban Guarnizo y la pequeña de éstos un símbolo de la eterna tragedia colombiana: las muertes que dejan la letal combinación de alcohol y gasolina.
Porque esa ha sido la afirmación de algunos testigos del accidente: que Leonardo Rocha, el hombre que se presentó el 1° de enero a las 9:45 p.m. ante la Unidad de Reacción Inmediata (URI) de Tunjuelito para declararse culpable del accidente, estaba embriagado. Esas versiones ya están en poder de la Policía y así lo confirmó el coronel Francisco Peláez, director de la Policía de Tránsito de la ciudad. Según las autoridades, sin embargo, practicar una prueba de alcoholemia cuando ha pasado tanto tiempo no tiene mucho sentido. Noticias Caracol habló con un hombre que estaba en la URI cuando Rocha llegó, quien afirmó que Rocha insistía que le hicieran el examen. El coronel Peláez, no obstante, reiteró que era difícil encontrar rastros de licor en esas circunstancias.
La versión de Rocha es que dejó el lugar del accidente por temor. Pero Alfredo Cotes, el abogado que representa a la familia de Esteban Guarnizo, criticó que éste hubiese salido huyendo: “Se dio a la fuga. No dio la ayuda debida a la madre y a la niña”. Y, precisamente, no prestar auxilio podría ser uno de los agravantes a tener en cuenta en contra de Rocha, en el momento en que la Fiscalía determine por qué cargos lo va a investigar. Sin embargo, Cotes reconoce: “No podemos asegurar si estaba borracho o que no. Lo suponemos por la época del año en que estamos y por la manera como él salió despavorido. En buen estado suponemos que habría afrontado la situación, porque no habría querido matar a nadie”.
En diálogo con este diario, Cotes reclamó que ningún habitante del sector quiso ayudarle a la familia para identificar a Rocha o para dar con su paradero y que, peor aún, se había enterado del interrogatorio con Rocha a través de los medios y no porque la Fiscalía lo notificara. El coronel Peláez, por su parte, reclamó que “en ningún momento” la Policía hubiera recibido la colaboración del dueño de la camioneta para identificar e individualizar a Rocha. “Él tendrá que dar sus explicaciones para establecer qué grado de responsabilidad puede tener”, añadió el coronel Peláez.
Ayer fue un día de emociones encontradas. Mientras se acercaban las 6 de la tarde, hora en que estaba citado Leonardo Rocha para ser interrogado por el fiscal 300 de la URI de Tunjuelito para ser presentado después ante un juez de garantías, en el Hospital de Kennedy, Dignori Reinoso salía de la Unidad de Cuidados Intensivos y pasaba a una habitación. Su esposo y demás familiares insistían en que ella, al menos mientras estaba en estado grave de salud, no debía conocer la fatal suerte que había corrido la pequeña Geraldine. Al tiempo, Guarnizo tenía que ir a Medicina Legal a recoger el cuerpo de su hija y su abogado se preparaba para intentar asistir al interrogatorio, señalando que lo que más le interesaba era que la justicia identificara plenamente al autor de la tragedia.
“Entonces podríamos pensar en solicitar reparación. Porque claro que se la merecen. Esteban está destrozado, su mujer aún no sabe todo lo que sucedió. Las consecuencias de este hecho llevan implícita una reparación a las víctimas”, concluyó el litigante. Esteban Guarnizo, un hombre de 39 años que trabaja en un taller de latonería y pintura, dice que lo único que espera es que al causante de la tragedia que destrozó a su familia le caiga todo el peso de la ley.